Una región turística sin estrategia

Una región turística sin estrategia

«El verdadero problema de la Región de Murcia no es que falten turistas, lo que falta es una visión política capaz de convertir uno de los territorios con más potencial de España en un destino de referencia»

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La Región de Murcia vuelve a celebrar el aumento de visitantes. Como cada año, las administraciones destacan los buenos datos de ocupación, las llegadas de turistas y el crecimiento del sector. Sin embargo, detrás de los titulares triunfalistas permanece una realidad muy distinta, seguimos sin política estratégica en turismo.

Porque una política turística no consiste en contar visitantes. Consiste en transformar el potencial de un territorio en riqueza sostenible, empleo estable y actividad económica durante todo el año.

Y ahí seguimos suspendiendo. Resulta paradójico que una región con más de 250 kilómetros de costa, un clima privilegiado, una de las mejores ofertas gastronómicas del Mediterráneo, un patrimonio histórico extraordinario y espacios naturales únicos continúe ocupando una posición secundaria en el mapa turístico nacional e internacional.

¿Qué se ha hecho durante las últimas décadas con todas esas ventajas? Mientras otros territorios han construido marcas turísticas reconocibles y proyectos ambiciosos de largo recorrido, la Región ha vivido demasiado tiempo de la inercia. Sol, playa, Semana Santa, fiestas populares y campañas promocionales puntuales. Nada de eso es irrelevante. El problema es que tampoco constituye una estrategia.

La mejor prueba es que seguimos dependiendo excesivamente de la estacionalidad. Cada verano miles de murcianos abandonan las ciudades para desplazarse a la costa. Murcia capital pierde actividad económica, numerosos negocios reducen horarios o cierran temporalmente y amplias zonas urbanas quedan prácticamente desiertas durante semanas.

Lo sorprendente es que esta situación se haya asumido como algo inevitable. Las ciudades modernas compiten por atraer visitantes durante todo el año mediante congresos, eventos culturales, turismo gastronómico, festivales, actividades deportivas, innovación y oferta universitaria internacional. Murcia posee condiciones para hacerlo. Lo que no parece tener es una hoja de ruta clara.

El ejemplo del Mar Menor resulta especialmente revelador. Durante décadas fue uno de los mayores activos turísticos de la región. Hoy sigue siendo un símbolo internacional, pero por motivos muy distintos. Ninguna estrategia turística seria puede ignorar el impacto que ha tenido el deterioro ambiental sobre la imagen exterior de la Comunidad.

Tampoco se ha aprovechado plenamente el potencial de Cartagena. Pocas ciudades españolas cuentan con un legado histórico tan diverso: romano, militar, modernista y portuario. Sin embargo, sigue sin convertirse en el gran destino cultural del sureste español que podría ser.

Murcia capital tampoco ha encontrado todavía su relato turístico. Posee una catedral excepcional, una historia singular, una gastronomía reconocida y una posición estratégica entre Andalucía, Valencia y el Mediterráneo. Aun así, continúa siendo para muchos visitantes una ciudad de paso en lugar de un destino en sí misma.

Incluso infraestructuras cuya construcción se presentó como transformadora, como el aeropuerto internacional, no han ido acompañadas de una estrategia capaz de multiplicar su impacto económico sobre el conjunto del territorio.

En este contexto resulta llamativa la creciente apuesta institucional por el turismo religioso. Nadie cuestiona el valor cultural o patrimonial de las celebraciones religiosas ni su capacidad para atraer visitantes. Forman parte de la identidad de la Región y merecen ser preservadas.

Sin embargo, el turismo religioso no puede convertirse en el eje principal de una política turística moderna. Una región no puede conformarse con gestionar tradiciones cuando dispone de recursos suficientes para liderar proyectos mucho más ambiciosos.

La sensación es que se ha confundido la programación de eventos con la planificación estratégica. Lo que Murcia necesita no es más propaganda. Necesita una estrategia turística.

Un proyecto que conecte el litoral con el interior. Que recupere el prestigio del Mar Menor. Que convierta a Cartagena en una referencia cultural mediterránea. Que transforme Murcia capital en una ciudad activa durante los doce meses del año. Que atraiga congresos, talento, inversión y visitantes de alto valor añadido.

Porque el verdadero problema de la Región de Murcia no es que falten turistas. Lo que falta es una visión política capaz de convertir uno de los territorios con más potencial de España en un destino de referencia.

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