La asociación pide necropsias exhaustivas para aclarar si el episodio guarda relación con maniobras y sónar

Dos ejemplares de zifio de Cuvier (Ziphius cavirostris) han varado y fallecido en la mañana del 23 de enero en playas de la Región de Murcia: La Reya (Puerto de Mazarrón) y La Colonia (Águilas), según ha informado la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE). La entidad añade que, el mismo día, se ha tenido constancia de otros dos varamientos en la provincia de Almería, en las playas de Carboneras y Pulpí, lo que eleva a cuatro los casos registrados en el entorno del mar de Alborán y el golfo de Vera en apenas unas horas.
Los dos animales localizados en la Región de Murcia están siendo gestionados por el equipo de veterinarios del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de El Valle, encargado de las actuaciones habituales en estos casos, incluida la custodia y el trabajo técnico necesario para tratar de determinar las causas de la muerte. ANSE subraya que la coincidencia temporal de los varamientos con la presencia de varios buques militares en la bahía de Mazarrón obliga, como mínimo, a extremar la prudencia y a investigar con el máximo detalle el origen del episodio.
El zifio de Cuvier es un cetáceo de hábitos profundos, que pasa la mayor parte del tiempo en inmersiones a grandes profundidades, lo que dificulta su observación y estudio. Precisamente por ese comportamiento, los varamientos se consideran eventos especialmente sensibles desde el punto de vista científico y de conservación, porque suelen ser una de las pocas ocasiones en las que se puede obtener información relevante mediante necropsias y análisis especializados.
Una zona crítica para cetáceos en el litoral de la Región de Murcia
ANSE recuerda que la presencia de zifios y de otras especies de buceo profundo está documentada en el ámbito de la bahía de Mazarrón y su entorno. No se trata, por tanto, de una aparición “extraña” o accidental: es un espacio marino con valores ecológicos conocidos y, en parte, protegidos. En estas aguas se incluye la Zona Especial de Conservación (ZEC) de los Valles Submarinos del Escarpe de Mazarrón, un área marina protegida de 154.080 hectáreas que funciona como zona de alimentación y cría para distintas especies, entre ellas cetáceos, tortuga boba y aves marinas, según la asociación.
La organización ambiental incide además en que la importancia del área va más allá del perímetro exacto de la ZEC. El mar de Alborán y el golfo de Vera, en su conjunto, son señalados por la comunidad científica como zonas de especial relevancia para la conservación de las poblaciones de cetáceos. En ese marco se ha propuesto su consideración como Área de Importancia para los Mamíferos Marinos (IMMA), una figura de carácter científico que identifica espacios con alta relevancia ecológica y que, precisamente, se utiliza como argumento para reforzar medidas de protección y gestión.
El mensaje de ANSE es claro: en un enclave con presencia regular de especies amenazadas y con figuras de conservación ya declaradas, cualquier episodio anómalo —y más si es múltiple y simultáneo— debe abordarse con un nivel de exigencia mayor que el simple “no consta”. Y eso pasa, según la asociación, por determinar con rigor qué ha ocurrido con estos zifios.
El precedente del sónar militar y la petición de una investigación completa
La preocupación expresada por ANSE se apoya en precedentes conocidos sobre el riesgo que puede suponer para los zifios el uso de sónares militares cerca de zonas donde estas especies están presentes. La entidad recuerda el caso de Canarias en 2002, cuando 14 animales llegaron muertos a la costa tras maniobras militares en las que se empleó sónar de media frecuencia y alta intensidad. Aquel episodio, ampliamente estudiado, permitió documentar una relación causa-efecto: el ruido submarino de ese tipo de equipos puede inducir cambios en el patrón de buceo de los zifios y desencadenar efectos compatibles con un síndrome de descompresión agudo severo, similar al que afecta a buceadores.
Tras la publicación de esos trabajos, se estableció una moratoria en aguas de Canarias que, según ANSE, ha demostrado ser una medida eficaz de conservación. La organización no afirma que lo ocurrido en la Región de Murcia y Almería responda necesariamente al mismo patrón, pero sí insiste en que, con ese precedente sobre la mesa, no se puede despachar el episodio con explicaciones superficiales ni con trámites rutinarios.
Por ese motivo, ANSE ha comunicado que se ha dirigido tanto a la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia como al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para solicitar que se investigue “exhaustivamente” en las necropsias la causa de estos varamientos y fallecimientos, y que se esclarezca si pueden estar relacionados —o no— con una misma causa. La organización reclama, en la práctica, que el análisis no se limite a describir lesiones o condiciones generales, sino que tenga enfoque específico en hipótesis compatibles con estrés acústico u otros impactos asociados a actividad humana.
En términos de interés público, el episodio abre un debate incómodo pero necesario: cómo se compatibilizan actividades con potencial impacto acústico en el mar con la existencia de zonas de alta sensibilidad ecológica, especialmente en un litoral como el de la Región de Murcia, donde los valores ambientales del medio marino suelen quedar fuera del foco hasta que ocurre un evento extremo, visible y difícil de explicar.
También coloca el foco sobre un punto clave: la transparencia y la trazabilidad de la información. En situaciones como esta, el detalle importa: qué se hizo, dónde, cuándo, con qué medios y bajo qué protocolos. Y, sobre todo, qué evidencias aportan las necropsias. Porque si el episodio se investiga a fondo y se descarta una relación con actividad militar u otras fuentes de ruido, el resultado será igualmente relevante para la gestión ambiental del área. Y si no se descarta, la consecuencia política y administrativa es todavía más evidente: habría que revisar prácticas, protocolos y medidas de prevención en zonas de presencia documentada de cetáceos de buceo profundo.
Por ahora, lo único seguro es el hecho: dos zifios muertos en Mazarrón y Águilas, otros dos varados en Almería el mismo día, y una coincidencia temporal con presencia de buques militares en la bahía de Mazarrón que ANSE considera suficientemente seria como para activar todas las alarmas científicas y administrativas. La respuesta, sostiene la asociación, no puede ser otra que una investigación completa, con resultados claros, verificables y públicos.
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