El Bar La Paz se despide tras casi seis décadas como referente social de Cartagena

El Bar La Paz se despide tras casi seis décadas como referente social de Cartagena

Más de un centenar de clientes, vecinos y antiguos empleados arroparon el cierre del histórico local

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El histórico Bar La Paz cerró definitivamente sus puertas tras casi sesenta años de actividad con una emotiva fiesta de despedida que reunió a más de un centenar de clientes, antiguos empleados, vecinos y amigos en su mítico local de la calle Alfonso X El Sabio de Cartagena. El acto, cargado de simbolismo y memoria colectiva, sirvió para rendir homenaje a un establecimiento que ha marcado el día a día de generaciones enteras de cartageneros .

La celebración congregó a personas de distintas edades y perfiles que compartieron historias, recuerdos y emociones en torno a un bar que fue mucho más que un negocio hostelero. El Bar La Paz se convirtió durante décadas en un punto de encuentro cotidiano, un espacio de convivencia vecinal y un referente gastronómico popular que formó parte del paisaje sentimental de la ciudad.

Durante la fiesta estuvieron presentes antiguos empleados del local, entre ellos Rosi, María, Alicia, Cristian y Jorge, conocido popularmente como “el churrero de toda la vida”, que acompañaron a su propietario en el cierre de una etapa vital y profesional profundamente ligada a la historia reciente de Cartagena.

Un legado iniciado en 1967 y continuado durante décadas

El actual propietario, Raúl Rodríguez, recordó durante el acto que asumió la gestión del Bar La Paz en 2012, consciente del legado que recibía de sus fundadores, Antonio y Mariano, quienes abrieron el establecimiento en 1967. Desde entonces, el local mantuvo su esencia original, combinando tradición, cercanía y una oferta gastronómica que se convirtió en seña de identidad del barrio.

Rodríguez destacó que el cierre del bar no supone un punto final, sino el inicio de una nueva etapa profesional. A partir del próximo 2 de enero abrirá una churrería en el antiguo quiosco de prensa situado a escasos metros del local, un proyecto por el que, según explicó, ha luchado durante años y que pretende recoger el testigo de uno de los productos más emblemáticos del Bar La Paz: sus churros.

Durante el acto, un grupo de los clientes más veteranos entregó a Rodríguez una placa conmemorativa como muestra de agradecimiento por años de atención, servicio y cercanía. Un gesto sencillo que simbolizó el fuerte vínculo emocional entre el bar y su clientela habitual, forjado a lo largo de décadas de desayunos compartidos y rutinas cotidianas.

La despedida incluyó una degustación de viandas que evocaron el espíritu del local: tortillas, empanadillas, quesos, saladitos y otros productos tradicionales, acompañados de vino, cerveza y refrescos. Más allá de la celebración puntual, el ambiente sirvió para recordar el papel del Bar La Paz como espacio central en la vida social cartagenera.

Durante más de medio siglo, el local destacó por abrir sus puertas a las seis de la mañana, convirtiéndose en parada obligatoria para quienes iniciaban la jornada temprano. Los churros recién hechos con chocolate espeso, las tortillas de gran tamaño, la ensaladilla rusa, los matrimonios, la magra con tomate, los buñuelos de bacalao o las frituras de pescado procedentes de comercios vecinos formaron parte de una oferta reconocible y muy apreciada.

Por las tardes, el bar se transformaba en otro tipo de punto de encuentro, con cafés asiáticos, copas, bizcochos y partidas de dominó que reunían a vecinos de distintos ámbitos profesionales. Empresarios, médicos, abogados o policías retirados compartían mesa y juego en un ambiente marcado por la convivencia y la rutina compartida.

La terraza del Bar La Paz fue durante años testigo de amaneceres repetidos, desayunos interminables y conversaciones que se prolongaban mientras la ciudad despertaba. Esa cotidianeidad, aparentemente sencilla, es la que ha convertido al local en un símbolo para miles de cartageneros.

El cierre de un negocio histórico y una nueva etapa

Con la clausura del Bar La Paz se cierra una etapa de la hostelería tradicional de Cartagena, marcada por establecimientos que han sobrevivido durante décadas gracias al trato cercano y a una identidad propia. Su cierre se suma al de otros negocios históricos que han ido desapareciendo del tejido urbano, dejando tras de sí una huella profunda en la memoria colectiva de la ciudad.

Sin embargo, el nuevo proyecto de churrería impulsado por Raúl Rodríguez busca mantener viva parte de esa herencia, trasladando a un nuevo formato la tradición y la calidad que caracterizaron al Bar La Paz. Para muchos de sus clientes, la despedida no fue solo un adiós, sino también una forma de agradecer un espacio que formó parte de su vida cotidiana durante años.

El Bar La Paz se despide así como lo que siempre fue: un lugar de encuentro, de rutinas compartidas y de pequeños rituales diarios que, con el paso del tiempo, acabaron convirtiéndose en historia viva de Cartagena.

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