Rutas volcánicas, mercado artesano y cuadrillas jóvenes marcaron la IV feria ‘Cartagena Oeste en Flor’, con taller de esparto, paella popular y música en directo

Tallante ha vuelto a demostrar que el oeste de Cartagena no es solo un mapa de caminos rurales y ramblas: también es una identidad cultural que se defiende con música popular, patrimonio y convivencia. La IV Feria ‘Cartagena Oeste en Flor’ reunió durante todo el fin de semana a más de 500 personas y sirvió, además, para clausurar la temporada de los Cantos de Pascua, una de esas tradiciones que sobreviven porque hay comunidades que se empeñan en sostenerlas con trabajo, relevo generacional y orgullo de territorio.
El encuentro combinó rutas etnográficas, actividades divulgativas, artesanía y propuestas gastronómicas, en un formato que mezcla cultura popular y puesta en valor del paisaje. Más allá del número de asistentes, el evento subraya un mensaje de fondo: cuando lo público acompaña y lo vecinal empuja, el Campo de Cartagena puede ofrecer una alternativa cultural y turística con contenido, vinculada al entorno y alejada de los reclamos vacíos.
Un fin de semana para reivindicar el Campo de Cartagena
La programación arrancó con actividades centradas en el patrimonio material e inmaterial de la zona oeste. Durante la mañana del sábado, la Asociación La Pedrisa impartió un taller de esparto y una charla sobre piedra seca en el Museo Etnográfico del Campo de Cartagena, ubicado en Los Puertos de Abajo. No se trata de una actividad anecdótica: es una forma directa de proteger saberes tradicionales que se han sostenido durante décadas en el medio rural y que hoy, sin transmisión, corren el riesgo de quedarse como simple decorado.
En paralelo, la Asociación Soldecocos impulsó dos rutas etnográficas guiadas por su responsable de Medio Rural, Natalia Martín. La primera discurrió desde la Rambla de Los Jarales hasta el Barranco de Ságena; la segunda, por el tramo del PR-MU 107 correspondiente al Sendero de Tallante, también conocido como ‘Sendero del Garbancillo’. Los asistentes pudieron conocer el valor geológico del territorio —al estar en una zona volcánica—, observar antiguas conducciones de agua y molinos de vela latina-harinero ya en desuso, y recorrer un paisaje especialmente marcado por la floración.
Uno de los detalles más llamativos que recoge la organización es el aumento del garbancillo en el último año, favorecido por las lluvias, hasta cubrir zonas donde predomina esta planta endémica de Tallante. Ese dato conecta el evento con algo más que el folclore: la feria se apoya en el territorio real, en su biodiversidad y en la necesidad de mirar el paisaje como un patrimonio vivo, no como un fondo para selfies de temporada.
Artesanía, gastronomía y memoria cuadrillera
El domingo, el centro de Tallante se convirtió en un mercado de artesanía con más de 20 puestos y una oferta variada que combinó producto local y oficios. Entre los participantes se citan la quesería ‘Sabores de Tallante’; el apicultor ‘Apiperez’; ‘El Rincón del Pajarito’ con jabones artesanos; ‘Cerámicas Antonio’ con piezas tradicionales, utilitarias y modernistas; y ‘Cocinando al sol’, que ofreció tapas elaboradas con hornos y parabólicas solares. La feria añadió también chocolate con bollos y un pasacalles a cargo de las cuadrillas, reforzando ese formato de convivencia que hace que la gente no solo “asista”, sino que se quede.
El momento central llegó a mediodía con el XXIV Encuentro de Cuadrillas Memorial Alfonso ‘El Claro’, en el que participaron las cuadrillas de Zarzadilla de Totana, Perín, Molinos Marfagones, Isla Plana y Tallante. La cita se presentó como la clausura de la temporada de Cantos de Pascua y, según la nota, evidenció que la tradición cuadrillera “está más viva que nunca”, con presencia e implicación de gente joven, un elemento clave cuando se habla de cultura popular: sin juventud, no hay continuidad; y sin continuidad, lo que hoy es tradición mañana queda como pieza de museo.
Durante el día se instaló además un puesto del libro ‘El Obrero y la tradición cuadrillera’, centrado en la vida de Francisco Solano Ardil ‘El Obrero’, pionero histórico de los Cantos de Pascua, escrito por su nieta, Magdalena Espejo. A esto se sumó un taller de serigrafía textil por parte de El Remolino y, como cierre gastronómico, una gran paella antes de la actuación de Marta Saorín, que interpretó canciones de pop, rock y bachata, entre otros estilos. La mezcla de tradición y repertorio contemporáneo encaja con una idea sencilla: para que lo popular siga siendo popular, no puede congelarse; tiene que convivir con lo que la gente escucha, come y vive hoy.
Organización vecinal y apoyo municipal
La dimensión comunitaria del evento se refleja también en el listado de asistentes mencionados por la organización, entre los que figuran la concejal Isabel María Andreu; la presidenta de la Junta Vecinal de Perín, Pepi Méndez; el cronista oficial de Cartagena, José Sánchez Conesa; y las presidentas de las asociaciones de vecinos de Tallante y del Rincón de Sumiedo y El Cañar, María José Madrid y Josefa de la Morena, respectivamente. También se cita a Claudio Cañavate, presidente de la asociación de vecinos de Los Puertos de Santa Bárbara y encargado del Museo Etnográfico del Campo de Cartagena; Bartolomé Gimeno, presidente de la asociación de vecinos de Perín; y José Antonio Martínez Pérez ‘El Kachimanero’, presidente de la Asociación Cultural Modernistas de Cartagena de Levante, entre otros.
En cuanto a la organización, la feria estuvo impulsada por la Asociación de Vecinos, la Comisión, la Cuadrilla de Tallante y la Asociación Soldecocos, con la colaboración de la Asociación La Pedrisa, El Remolino Escenario, la Junta Vecinal de Perín y las concejalías de Festejos y Comercio del Ayuntamiento de Cartagena. Que el peso organizativo recaiga en el tejido vecinal no es un detalle menor: estas iniciativas suelen sostenerse más por horas de voluntariado que por presupuestos, y por eso la continuidad depende tanto del apoyo institucional como del reconocimiento real a quienes hacen que el territorio exista también culturalmente.
Este medio ha contactado con el Ayuntamiento de Cartagena para conocer detalles sobre el balance municipal del evento y su encaje en la programación cultural de las diputaciones y núcleos del oeste, así como la previsión de apoyo a futuras ediciones, sin que conste respuesta en el momento de publicación.
La IV Feria ‘Cartagena Oeste en Flor’ cierra así la temporada de Cantos de Pascua con un formato que combina divulgación del entorno, artesanía, música de cuadrillas y convivencia. En Tallante, la tradición no se exhibe: se practica. Y esa es, probablemente, la diferencia entre lo que se consume un fin de semana y lo que se queda como identidad compartida.
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