Diez millones de propaganda

Diez millones de propaganda

«El paquete anticrisis de López Miras vuelve a confirmar que en San Esteban se anuncia antes de gobernar«

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Fernando López Miras ya tiene nuevo titular. El presidente de la Región de Murcia compareció esta semana para presentar un paquete de respuesta a la guerra en Oriente Medio valorado en 10 millones de euros, con aplazamientos tributarios, líneas de financiación, apoyo al gasóleo profesional y ayudas para eficiencia energética, autoconsumo e internacionalización. Sobre el papel, suena a escudo regional. El problema empieza cuando uno aparta el foco del titular, entra en el detalle y descubre que la grandilocuencia del anuncio se sostiene mucho peor de lo que pretende la propaganda oficial.

Porque no, la noticia no es que López Miras haya puesto sobre la mesa diez millones de euros de ayudas nuevas, directas y cien por cien regionales para proteger a empresas y autónomos. La noticia, cuando se repasa el contenido real del paquete, es otra: que el Gobierno regional ha vuelto a mezclar subvenciones, préstamos, aplazamientos de pago y programas ya existentes para construir un gran anuncio político. Y esa forma de gobernar, la del titular inflado y la concreción menguante, es ya una seña de identidad del mirismo.

La frase que resume mejor este episodio es bastante simple: López Miras anunció 10 millones, pero el dinero autonómico directo claramente identificable baja a poco más de 2 millones. Y eso no es una exageración retórica. Sale de las propias cifras y notas oficiales del Gobierno regional. Las ayudas de 1,8 millones para eficiencia energética y de 3,5 millones para autoconsumo fotovoltaico, que el Ejecutivo volvió a meter esta semana dentro del gran paquete, ya habían sido presentadas oficialmente el 13 de marzo. Además, esa convocatoria de 5,3 millones no la paga íntegramente la Comunidad Autónoma: está cofinanciada al 40 % con fondos propios de la CARM y al 60 % con fondos FEDER. Traducido: la parte autonómica claramente identificable de ese bloque es de 2,12 millones, no de 5,3. (CARM)

Y ese matiz no es un detalle técnico. Es la diferencia entre hacer política y hacer marketing. Porque cuando un Gobierno vende 10 millones de respuesta pública, la ciudadanía tiene derecho a saber cuánto pone realmente el Ejecutivo regional, cuánto procede de fondos europeos, cuánto es subvención y cuánto no pasa de ser un préstamo que habrá que devolver. Si no se aclara esa letra pequeña, el paquete deja de ser una medida económica para convertirse en una operación de imagen.

Cuando un préstamo se disfraza de ayuda

La trampa discursiva más evidente está en la línea de financiación de 2 millones de euros, ampliable a 4. La CARM la presenta como parte del escudo regional, pero no es una subvención directa. Son préstamos avalados de hasta 50.000 euros, con devolución a cinco años y un año de carencia. Podrá decirse que tienen mejores condiciones y que la Comunidad asume el coste del primer año de intereses y la comisión de estudio, pero el dinero no se regala: se devuelve. Eso no es una ayuda a fondo perdido; es deuda para empresas y autónomos presentada bajo un envoltorio político mucho más amable.

Lo mismo ocurre con el aplazamiento y fraccionamiento de tributos autonómicos. La medida se anunció primero a mediados de marzo y volvió a incluirse ahora dentro del gran paquete. Pero tampoco estamos ante una ayuda directa. Es un alivio temporal de tesorería: se paga después, o se paga en varios plazos, pero se paga. Y, además, el propio mecanismo de aplazamiento y fraccionamiento no es una creación nueva del Gobierno regional para esta crisis; es un instrumento ordinario ya existente en la administración tributaria. Lo novedoso aquí no es la herramienta, sino su reciclaje como pieza estrella de un relato de emergencia.

Ese es el patrón. López Miras no presenta un paquete formado por diez millones de dinero nuevo, fresco y regional, sino una mezcla de instrumentos heterogéneos que, puestos juntos, permiten construir un número redondo y un titular potente. La propaganda se queda con la suma gruesa. La realidad obliga a distinguir qué parte es subvención, qué parte es cofinanciación europea, qué parte es préstamo y qué parte es simplemente pagar más tarde.

El arte murciano de anunciar dos veces lo mismo

Pero hay una segunda capa todavía más reveladora: parte de lo anunciado ya había sido anunciado antes. Las ayudas de 1,8 millones para eficiencia energética y de 3,5 millones para autoconsumo, presentadas el 26 de marzo como parte del paquete de 10 millones, fueron dadas a conocer oficialmente el 13 de marzo por el propio Gobierno regional como una de las primeras acciones del Plan Industrial 2026-2035. Es decir, no nacen ahora por la crisis; ahora se reagrupan y se reetiquetan dentro de una escenografía política más útil para la confrontación y para la fotografía del momento. (CARM)

Tampoco el Cheque Internacionalización puede venderse como una respuesta original a la guerra en Oriente Medio. Es una línea previa, con trayectoria anterior, que simplemente se incorpora al relato del paquete. Y lo mismo ocurre con otras palancas incluidas en el anuncio, que no emergen como decisiones excepcionales nacidas de urgencia, sino como herramientas preexistentes reutilizadas para levantar un gran marco narrativo. Eso, otra vez, no invalida que puedan ser útiles. Lo que invalida es el intento de presentarlas como si fueran la gran reacción inédita de un Gobierno que lleva semanas vendiendo reflejos y diligencia.

Porque conviene recordar el contexto. Antes de concretar nada, López Miras y su Gobierno pasaron días hablando de un paquete “en estudio”, de “acciones dentro de sus competencias” y de medidas que llegarían para responder al impacto de la guerra. El ciclo fue el habitual: primero el anuncio vaporoso, después la expectativa, más tarde el paquete, y finalmente el detalle suficiente para comprobar que el contenido es menos espectacular que el envoltorio. Esta vez ha ocurrido igual.

El caso más claro de esa opacidad sigue siendo el fondo de 3 millones para compensar el alza del gasóleo profesional. Se ha anunciado, sí. Pero aún no se ha publicado su orden o convocatoria concreta en el BORM. No se sabe con precisión cómo se articulará, quién podrá acceder, con qué intensidad, bajo qué criterios ni qué cuantía real asumirá la Comunidad en términos efectivos. Es decir, existe políticamente, pero todavía no existe jurídicamente. Y mientras eso no cambie, no debería engordar alegremente el relato del dinero regional ya movilizado.

Gobernar no es sumar titulares

Al final, el problema no es que el Gobierno regional adopte medidas. Ojalá adopte todas las que pueda y lo haga rápido. El problema es otro: que en la Región de Murcia se ha instalado una forma de gobernar basada en anunciar primero, contar después y explicar poco. Una política donde el titular es más importante que la estructura financiera de lo anunciado, donde el número redondo vale más que la letra pequeña y donde el presidente se presenta como salvador incluso cuando el esfuerzo real de la administración autonómica queda muy por debajo de lo sugerido por la propaganda.

Eso tiene consecuencias. La primera es una degradación del debate público, porque obliga a discutir continuamente titulares hinchados en lugar de políticas concretas. La segunda es una pérdida de credibilidad institucional: cada vez que el Ejecutivo presenta como “ayuda” lo que en realidad es préstamo, o como “nuevo” lo que en realidad ya existía, erosiona la confianza de quienes escuchan. Y la tercera es más de fondo: se consolida una cultura política en la que parece suficiente envolver de urgencia lo que, muchas veces, no es más que una suma de medidas recicladas, cofinanciadas o reetiquetadas.

López Miras podrá seguir repitiendo que ha movilizado 10 millones. Pero cuando se rasca el anuncio, aparece una realidad mucho menos heroica: subvenciones ya presentadas antes, ayudas cofinanciadas con fondos europeos, préstamos que habrá que devolver y aplazamientos que no dejan de ser pagos diferidos. No es que no haya paquete. Es que el paquete se parece demasiado a una campaña de comunicación.

Y eso, en una crisis de verdad, debería preocupar bastante más que el titular. Porque cuando gobernar consiste en sumar piezas inconexas para fabricar un número bonito, lo que se fortalece no es la economía regional, sino la propaganda de un presidente que lleva demasiado tiempo confundiendo la política útil con el arte de anunciar dos veces lo mismo.

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