La factura oculta de las rebajas fiscales

La factura oculta de las rebajas fiscales

«La Región encadena deuda récord y el peor déficit autonómico mientras San Esteban sigue vendiendo rebajas fiscales«

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Hay cifras que destrozan cualquier eslogan. El Banco de España sitúa a la Región de Murcia al cierre de 2025 con una deuda equivalente al 31,2% del PIB, la segunda más alta de España, solo por detrás de la Comunitat Valenciana. Y, por si no bastara con vivir prácticamente instalada en la parte alta del ranking de lo peor, la Comunidad cerró además 2025 con el mayor déficit autonómico del país en términos relativos: un 1,56% del PIB, unos 702 millones de euros. Mientras tanto, el discurso oficial sigue girando en torno a la misma música de siempre: rebajas fiscales, estabilidad y buena gestión.

La Región encadena deuda récord y el peor déficit autonómico mientras San Esteban sigue vendiendo rebajas fiscales. Esa es la fotografía real. Y esa es también la gran estafa política del mirismo: haber convertido la propaganda tributaria en una marca de gobierno al mismo tiempo que deja unas cuentas públicas cada vez más deterioradas. Porque una cosa es defender un modelo fiscal concreto, legítimo en democracia, y otra muy distinta es usar la bajada de impuestos como escaparate mientras la comunidad se va hundiendo en la deuda y el desequilibrio presupuestario.

El mirismo fiscal: menos impuestos en el titular, más agujero en el balance

Fernando López Miras no ha escondido nunca cuál quiere que sea su bandera política. En enero, al presentar su hoja de ruta para 2026, colocó entre sus prioridades “más bajadas de impuestos”, y en la propia web de Presidencia se insiste en esa idea de una legislatura de reducción fiscal y libertad económica. Es decir, no estamos ante una lectura malintencionada de la oposición ni ante una exageración periodística: es el relato elegido por el propio Gobierno regional para definirse ante la ciudadanía.

El problema es que el relato se estrella contra la contabilidad. No se puede presumir de alivio fiscal cuando la comunidad autónoma que gobiernas encabeza el déficit regional de España y aparece otra vez entre las más endeudadas del país. No se puede vender solvencia cuando el dato objetivo es que Murcia cerró 2025 muy por encima del promedio autonómico, que fue del 0,3% del PIB, mientras el conjunto de España reducía su déficit al 2,18%, el mejor dato en 18 años. Ahí es donde el mirismo se queda sin maquillaje: no estamos ante una administración que baja impuestos desde una posición de fortaleza, sino ante un Gobierno que intenta hacer de la rebaja fiscal una cortina de humo sobre una estructura financiera cada vez más frágil.

Y conviene decirlo con claridad: bajar impuestos no es gratis. Nunca lo es. La cuestión es quién paga la factura. En una comunidad con una deuda del 31,2% del PIB, esa factura no desaparece por arte de magia. Se difiere. Se traslada. Se esconde durante un tiempo. La paga el sistema público cuando se debilita, la pagan las generaciones futuras cuando heredan una comunidad hipotecada y la pagan los ciudadanos cuando descubren que detrás del eslogan fiscal no había un modelo más eficiente, sino simplemente más deuda.

Una Región endeudada no es una Región libre

El dato de la deuda no es una anécdota contable. Es una señal de dependencia estructural. El 31,2% del PIB no solo sitúa a la Región de Murcia en el segundo peor puesto de España; también duplica con holgura el umbral de referencia del 13% fijado por la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Esto significa que Murcia no está simplemente algo peor que otras comunidades. Significa que vive desde hace demasiado tiempo instalada en un desequilibrio convertido ya en paisaje. Y cuando un problema tan grave se normaliza, el riesgo político es todavía mayor: se empieza a gobernar como si fuera inevitable.

Ese es, probablemente, uno de los peores efectos del mirismo. Haber conseguido que una parte de la conversación pública asuma la deuda y el déficit como algo casi natural, casi meteorológico, casi externo a cualquier decisión política. Como si la Región estuviera condenada a liderar siempre las estadísticas más humillantes y lo único que pudiera hacer su Gobierno fuera lamentarse, culpar a otros y seguir presentándose como defensor del contribuyente. Pero no hay nada inevitable en esto. Cuando otras comunidades logran equilibrar mejor sus cuentas o incluso cerrar con superávit, el problema deja de ser una fatalidad y empieza a parecerse mucho más a una forma de gobernar.

Una Región endeudada no es una Región libre, por mucho que el mirismo intente envolverlo todo en el lenguaje de la libertad económica. Una Región endeudada es una Región con menos margen, más dependencia financiera y menos capacidad para responder con autonomía real a sus propios problemas. Es una Región más vulnerable. Más expuesta. Más frágil frente a cualquier crisis. Por eso resulta tan obsceno escuchar a San Esteban hablar de bajadas de impuestos como si fueran una medalla, cuando la realidad es que el balance de su gestión deja una comunidad atada a una deuda gigantesca y a un déficit disparado.

El mirismo no baja impuestos: aplaza la factura

El gran truco político del mirismo consiste en presentar la rebaja fiscal como si fuera una política sin coste o, aún peor, como si el mero hecho de anunciarla bastara para probar una buena gestión. Pero la buena gestión no se mide por el volumen del titular, sino por la solidez del resultado. Y el resultado hoy es demoledor: segunda comunidad más endeudada de España y primera en déficit autonómico. Ese es el balance de la prosperidad prometida. Ese es el estado real de la “buena gestión” que López Miras vende una y otra vez.

Puede que el mirismo siga encontrando rentabilidad electoral en ese discurso de menos impuestos, menos trabas y más libertad. Puede incluso que durante un tiempo siga funcionando como consigna eficaz entre sus fieles. Pero la realidad termina pasando factura. Y esa factura no se paga en un debate parlamentario ni en una comparecencia bien ensayada. Se paga en la debilidad financiera de una comunidad que lleva años acumulando deuda mientras su presidente se comporta como si estuviera administrando una economía saneada.

Esa es la gran contradicción de López Miras: quiere ser el presidente que presume de rebajas fiscales y al mismo tiempo está dejando una Región hipotecada. Quiere hablar como si gobernara una comunidad pujante y solvente, pero los números lo devuelven una y otra vez al mismo sitio: la parte más baja del tablero. Allí donde están los gobiernos que gastan más de lo que ingresan, que convierten el desequilibrio en costumbre y que disfrazan de valentía política lo que no es más que una huida hacia delante.

Al final, el mirismo no baja impuestos: aplaza la factura. Y eso, aunque se repita mil veces en una tribuna o en una campaña institucional, no es gestionar. Es dejar la cuenta para otro mientras se presume de la invitación.

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