Cartagena enciende velas por las víctimas del terremoto de Venezuela

Cartagena enciende velas por las víctimas del terremoto de Venezuela

El colectivo venezolano reunió a medio centenar de personas en una vigilia marcada por la oración, la memoria y la preocupación política

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Cartagena acogió una vigilia de oración por las víctimas del terremoto que golpeó Venezuela el pasado 24 de junio. El acto, convocado por el Colectivo de Venezolanos en Cartagena bajo el lema ‘Una luz por Venezuela: humanidad, libertad y esperanza’, reunió en la plaza Juan XXIII a medio centenar de asistentes, entre ciudadanos venezolanos, españoles y personas con doble nacionalidad, en un encuentro de carácter simbólico, religioso y comunitario.

La concentración tuvo como eje el recuerdo a las personas fallecidas, heridas o desaparecidas tras el seísmo, así como el acompañamiento a las familias afectadas por una catástrofe que mantiene en vilo a la diáspora venezolana. Cada asistente portó una vela encendida y participó en una oración colectiva en la que se mezclaron el dolor por la tragedia, la esperanza de nuevos rescates y la reivindicación de un futuro democrático para el país.

La coordinadora del Colectivo de Venezolanos en Cartagena, Elba Jiménez, explicó que la convocatoria pretendía “orar por Venezuela, por cada vida que se ha perdido, por las que aún sobreviven bajo los escombros y por que se ponga orden al caos existente”. Según sus palabras, el objetivo era pedir “milagros” para salvar más vidas, acompañar a los familiares de las víctimas y mantener la esperanza “en medio del dolor”.

La vigilia incluyó el rezo de la oración de la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela, una advocación mariana de fuerte arraigo en el país. También se rezaron un Padre Nuestro y un Ave María, en un ambiente de recogimiento que convirtió la plaza Juan XXIII en un espacio de memoria compartida para una comunidad que vive desde la distancia una emergencia humanitaria de enorme impacto emocional.

Una comunidad pendiente de su país desde Cartagena

El acto no fue solo una expresión religiosa. También funcionó como punto de encuentro para una comunidad migrante que mantiene vínculos familiares, afectivos y políticos con Venezuela. Muchas de las personas presentes tienen familiares o amistades en el país y siguen con preocupación la evolución de las tareas de rescate, la atención a los damnificados y las consecuencias sociales de una catástrofe de esta magnitud.

Jiménez explicó durante la vigilia que el colectivo venezolano en Cartagena está integrado por alrededor de un millar de personas. Según la información trasladada por la organización, la comunidad permanece “muy pendiente” de las secuelas del terremoto, que, de acuerdo con los datos citados por el colectivo, habría provocado 2.595 fallecidos y más de 11.000 heridos. Se trata de cifras vinculadas a la información manejada por los convocantes y sujetas a la evolución de los balances oficiales y humanitarios en un contexto todavía cambiante.

La coordinadora del colectivo comparó la gravedad del seísmo con otros episodios sísmicos registrados en Venezuela durante el último siglo. Según expuso, los terremotos de 1900, 1967 y 2018 no habrían tenido consecuencias semejantes a las del ocurrido el 24 de junio, al que atribuyó una magnitud de 7,5 Mw. En su intervención, Jiménez lo situó entre los más fuertes que han golpeado Venezuela en más de cien años.

El encuentro también sirvió para recordar la identidad cultural venezolana. Tras las oraciones, los asistentes entonaron la ‘Canción de Venezuela’, una composición muy popular en el país cuya letra y música fueron creadas en 1980 por los españoles Pablo Herrero y José Luis Armenteros. La elección de esta pieza aportó al acto una dimensión emocional añadida, al conectar la memoria colectiva de la diáspora con una canción reconocible para generaciones de venezolanos.

A la vigilia asistió a título personal la concejala de Política Social del Ayuntamiento de Cartagena, Cristina Mora. También participaron personas venezolanas asentadas en la ciudad y la comarca, entre ellas Leticia Zapata, profesora de la Universidad Nacional Abierta de Venezuela; Johanny Millán, controladora aérea del Aeropuerto Internacional del Caribe Santiago Mariño; Sandra Herrera, nacida en Tenerife y residente durante años en Caracas; Ámbar Patricia Hernández, nacida en Caracas; y Javier Ortigosa, nacido en Maracaibo y criado en Caracas.

La emergencia humanitaria y la preocupación política

La tragedia humanitaria estuvo acompañada durante el acto de referencias a la situación política venezolana. Elba Jiménez señaló que los venezolanos residentes en España siguen “muy pendientes” de los acontecimientos en su país y afirmó que el proceso político previsto se habría visto alterado por los efectos del terremoto. Según explicó, el pasado 3 de julio debía iniciarse un proceso de transición y convocarse elecciones, pero la catástrofe habría detenido ese calendario.

La secretaria general de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Cartagena y Comarca ‘Fernando Garrido’, Loren Cris Colina, natural de Maracaibo y residente en España desde hace siete años, también intervino durante la vigilia. Como graduada en Ciencias Políticas, defendió la necesidad de elecciones democráticas libres y reclamó una depuración del sistema electoral venezolano, al considerar que presenta “multitud de irregularidades”.

Colina vinculó además la dimensión de la emergencia a la falta de preparación del país ante una catástrofe de este tipo. Según sus palabras, Venezuela carecía de un plan de emergencias eficaz frente a estos desastres y la situación se estaría mitigando gracias a la ayuda internacional. La representante vecinal agradeció la solidaridad de los países que han enviado personal especializado, bomberos y rescatistas, y expresó un agradecimiento especial a España.

Las personas asistentes también compartieron testimonios sobre su salida de Venezuela y sobre las dificultades que, según relataron, les llevaron a establecerse en España. En declaraciones recogidas por la organización, varios participantes afirmaron haber abandonado el país por la situación política y económica. Javier Ortigosa aseguró que, por oponerse al régimen, fue despedido de su trabajo e incluido en “listas negras”, lo que, según su relato, le llevó a marcharse de Venezuela.

Las afirmaciones políticas expresadas durante la vigilia responden a los testimonios de los asistentes y al posicionamiento del colectivo convocante. El acto, sin embargo, tuvo como hilo conductor principal la solidaridad con las víctimas del terremoto y el acompañamiento emocional a una comunidad que vive la emergencia desde miles de kilómetros de distancia.

Velas, memoria y esperanza en la plaza Juan XXIII

La imagen de las velas encendidas en la plaza Juan XXIII resumió el sentido de una convocatoria que quiso unir duelo, fe y comunidad. Para los venezolanos residentes en Cartagena, el terremoto no es una noticia lejana: es una herida abierta que atraviesa familias, recuerdos, ciudades de origen y vínculos personales que permanecen vivos pese a la distancia.

La vigilia permitió visibilizar una realidad muchas veces silenciosa: la de quienes reconstruyen su vida fuera de su país mientras siguen pendientes de cada crisis que afecta a sus familiares y compatriotas. En ese contexto, la plaza se convirtió en un lugar de refugio simbólico, donde compartir información, consuelo y una esperanza colectiva difícil de sostener en soledad.

El lema elegido, ‘Una luz por Venezuela: humanidad, libertad y esperanza’, condensó los tres mensajes principales de la convocatoria. Humanidad ante el sufrimiento de las víctimas y los damnificados; libertad como demanda política de una comunidad marcada por el exilio y la migración; y esperanza como forma de resistencia emocional ante una tragedia que continúa dejando consecuencias personales y sociales.

Cartagena respondió con una presencia modesta pero significativa. Medio centenar de personas bastaron para construir un gesto público de solidaridad con Venezuela y para recordar que las comunidades migrantes forman parte activa de la vida social de la ciudad. Sus duelos, sus reivindicaciones y sus vínculos internacionales también atraviesan el espacio público local.

El Colectivo de Venezolanos en Cartagena quiso que la vigilia sirviera para mantener viva la atención sobre la emergencia, agradecer la ayuda internacional y acompañar a quienes esperan noticias de sus seres queridos. En una noche marcada por la oración y las velas, la comunidad venezolana de Cartagena encendió una luz por las víctimas, por los supervivientes y por un país que sigue buscando esperanza entre los escombros.

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