El gran negocio electoral del agua

El gran negocio electoral del agua

«El agua vuelve a ser el gran embuste electoral del PP regional»

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Hay una tradición política que nunca falla en la Región de Murcia, cuando se acercan unas elecciones, el Partido Popular saca el trasvase Tajo-Segura de la gestión hidráulica y lo convierte en una cuestión de supervivencia regional. Ya ha comenzado el nuevo episodio. Joaquín Segado lo ha resumido sin complejos, el 29-N será “Trasvase sí o Trasvase no” y, según el portavoz popular, si continúa Pedro Sánchez “se acaba el Tajo-Segura”.

López Miras ha hecho exactamente lo mismo. No es casualidad. El agua vuelve a ser el gran embuste electoral del PP regional. El problema es que detrás de esta estrategia hay una realidad económica mucho más compleja.

Cuando hablamos del Tajo-Segura no hablamos simplemente de agricultores. Hablamos de una potente industria agroalimentaria, de grandes explotaciones, empresas de producción y comercialización, cooperativas, centrales hortofrutícolas, transporte, logística y exportación. Un sector económico de enorme importancia que necesita grandes cantidades de agua para mantener su actual modelo productivo.

Y tiene todo el derecho a defender sus intereses, pero sus intereses no son necesariamente los intereses de toda la Región de Murcia, y esa es la cuestión que el Partido Popular pretende ocultar.

El PP ha conseguido convertir una legítima reivindicación sectorial en una especie de causa nacional murciana. Y algunas organizaciones agrarias y el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura han terminado ocupando un papel protagonista en esa construcción política del conflicto.

El SCRATS tiene, naturalmente, derecho a defender el agua que necesitan sus comunidades de regantes. Pero precisamente porque representa unos intereses concretos resulta difícil aceptar que sus posiciones sean presentadas como la voz de toda la Región.

Esto no es solamente una batalla por el agua. Es también una batalla por mantener un determinado modelo económico, y es legítimo. Lo que no resulta legítimo es presentarlo como si cualquier límite al crecimiento del regadío fuese automáticamente un ataque contra la Región.

El propio año hidrológico que acaba de terminar debería obligarnos, al menos, a matizar el catastrofismo electoral. La cuenca del Segura cerró 2025-2026 con 567 hectómetros cúbicos almacenados, frente a los 188 del año anterior. Y el Tajo-Segura tuvo 522 hectómetros cúbicos autorizados.

¿Significa eso que el trasvase no tiene problemas? Evidentemente no. Significa algo mucho más sencillo, la realidad es bastante más compleja que el eslogan “PP sí, trasvase sí; PSOE sí, trasvase no”. Pero la complejidad es enemiga de la propaganda.

Por eso interesa poco hablar de planificación hidrológica, caudales ecológicos, desalación, reutilización, eficiencia, acuíferos o cambio climático. Es mucho más rentable señalar al Gobierno Central cuando no es de tu cuerda política, señalar a Sánchez y presentarse como único garante del agua.

Aunque el futuro del Tajo-Segura no dependa de la voluntad de López Miras ni de Pedro Sánchez. Depende de la ley, de la planificación hidrológica, de los recursos disponibles, de las decisiones administrativas y también de los tribunales.

El agua no entiende de campañas electorales. Pero algunos políticos sí. Murcia necesita defender su agricultura y su industria agroalimentaria. Necesita garantizar agua para su economía. Pero también necesita preguntarse qué modelo de crecimiento puede sostenerse en un territorio sometido a una creciente presión hídrica.

Eso requiere valentía y honestidad política, decirle al sector lo que quiere oír cuando sea razonable, pero también lo que no quiere oír cuando sea necesario.

Porque garantizar agua para la Región no significa garantizar indefinidamente cualquier nivel de demanda. Y defender el trasvase no significa convertirlo en una religión.

El PP de como siempre ha encontrado en el agua un extraordinario instrumento electoral cuanto más complejo es el problema, más sencillo se fabrica el enemigo.

Y ahí aparecen los de siempre: Sánchez, Castilla-La Mancha, el Gobierno central y cualquiera que cuestione el relato. Mientras tanto, hay cuestiones importantes sin respuesta:

¿Cuánta agua necesita realmente nuestro modelo agroindustrial? ¿Cuánta puede garantizar el Tajo? ¿Qué papel deben jugar la desalación, la reutilización y los acuíferos? ¿Qué límites impone el cambio climático? ¿Y quién paga la factura?

Esas deberían ser las preguntas. Pero ya estamos en campaña. Y algunos parecen haber decidido que es mucho más rentable seguir contando la vieja historia del salvador del trasvase y del enemigo de la Región de Murcia. Estos, no quieren solucionar el problema del agua. Quieren volver a sacar rédito electoral con él.

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