«La dependencia en la Región de Murcia retrata un fracaso político que López Miras debería explicar antes de pedir otro voto para el PP«

Imaginen que la urgencia de una familia tuviera la misma consideración que la urgencia de una campaña electoral. Que encontrar a alguien para ayudar a levantar de la cama a una persona dependiente movilizara tantos esfuerzos como preparar un mitin. Que una resolución llegara con la puntualidad de una consigna. Imaginen, por un momento, que el poder tuviera tanta prisa por atendernos como por convencernos.
Cuesta imaginarlo cuando se leen los datos de la Región de Murcia.
Según el informe oficial del Imserso sobre fallecimientos entre enero y septiembre de 2026, 389 personas murieron en la Región con su solicitud de dependencia sin valorar y otras 649 fallecieron pendientes de recibir una prestación. Son 1.038 personas entre ambas situaciones. La distinción importa: unas ni siquiera habían completado la valoración; otras ya habían sido reconocidas como dependientes.
Estos registros no permiten afirmar que murieran por el retraso administrativo. Permiten afirmar algo suficientemente terrible: murieron mientras esperaban. No hace falta añadir una acusación que las estadísticas no demuestran para comprender la dimensión del fracaso.
Me cuesta aceptar que podamos leerlo y seguir como si nada. Que una cifra así comparta espacio con declaraciones triunfales sin que se le caiga a nadie el discurso de las manos. Detrás hubo personas que necesitaron ayuda durante un tiempo que ya no puede devolverse. Y familiares que seguirán recordando lo que tuvieron que afrontar mientras una solicitud avanzaba, o no avanzaba, por la Administración.
Presidente López Miras: la muerte no admite subsanaciones. No concede diez días para aportar documentación. No espera a que termine una reunión de coordinación.
El Gobierno del vuelva usted mañana
El Ministerio de Derechos Sociales sitúa el tiempo medio desde la solicitud hasta la resolución de la prestación en 529 días en Murcia, el más elevado entre los territorios que compara. La media estatal de su último panel es de 293 días. Hablamos de más de diecisiete meses de tramitación.
Prueben a trasladar ese calendario a una casa. A las mañanas en que alguien necesita ayuda para asearse. A las noches interrumpidas. A la preocupación por dejar solo a un familiar mientras se trabaja. A las cuentas para contratar cuidados cuando el dinero apenas alcanza.
No estoy describiendo un testimonio concreto. Estoy planteando las preguntas que cualquier responsable político debería hacerse antes de felicitarse por una estadística: quién atiende mientras se tramita, quién paga mientras se resuelve y qué ocurre cuando la familia ya no puede más.
El amor permite hacer esfuerzos enormes. También permite que una persona exhausta siga adelante cuando cree que no le quedan fuerzas. Pero convertir ese amor en el recurso con el que se cubren las carencias públicas es una forma muy cómoda de gobernar desde lejos.
La familia aguanta, y el expediente continúa. La cuidadora renuncia a unas horas de trabajo, y el expediente continúa. El cansancio se vuelve rutina, y el expediente continúa. Hay una eficacia admirable en ese verbo administrativo: continuar. Lo soporta todo, incluso cuando quienes esperan ya no pueden.
Conviene reconocer lo que mejora. El mismo Ministerio señala que Murcia redujo en 22 días su tiempo medio de gestión durante el último trimestre. Esa reducción tiene valor para quienes se benefician de ella. Pero seguir encabezando las demoras después de mejorar obliga a explicar la magnitud del problema pendiente.
A López Miras se le debe exigir precisamente eso: que rinda cuentas del resultado. La Presidencia no puede funcionar como una oficina de felicitaciones propias donde cada avance es un éxito personal y cada insuficiencia pertenece a una administración abstracta.
La Ley de Dependencia atribuye a las comunidades autónomas funciones concretas de planificación, dirección y gestión de los servicios, así como de valoración y atención. Existe cooperación entre administraciones y obligaciones de financiación, pero la responsabilidad regional está escrita. No desaparece porque resulte electoralmente incómoda.
Una plaza anunciada todavía no cuida
La información publicada por la propia Comunidad el 21 de octubre anuncia el inicio de los trámites para crear 1.646 plazas de atención a mayores y personas con discapacidad. Bienvenidas sean cuando se conviertan en atención efectiva. Precisamente porque hacen falta, debemos distinguir el comienzo del procedimiento de su resultado.
Una plaza anunciada no ayuda a ducharse. Una previsión no acompaña a nadie durante la noche. El titular puede estar terminado mucho antes que el servicio, y esa diferencia la paga quien sigue esperando.
La política debería tener prohibido darse por satisfecha en el momento más fácil: cuando presenta lo que hará. Lo difícil viene después, cuando hay que contratar, organizar, resolver y responder a la persona que pregunta cuándo le toca. Ahí se comprueba la capacidad de un Gobierno. El atril, por desgracia, no exige tanta preparación.
A veces parece que la Administración dispusiera de dos velocidades: una para comunicar y otra para cumplir. La primera sabe perfectamente dónde están las cámaras. La segunda necesita que alguien le explique dónde viven los ciudadanos.
Y aquí hay que hablar de dinero con seriedad. El Ministerio documenta un aumento de la financiación estatal del nivel mínimo de dependencia desde julio. También recuerda que el nivel acordado de financiación fue suprimido en 2012 y recuperado en 2021. Los recursos públicos y su continuidad tienen consecuencias sobre la capacidad de atender.
Por eso el debate merece más que el habitual intercambio de reproches. Cada administración debe explicar cuánto aporta, qué ejecuta y qué atención consigue. Al Gobierno regional hay que exigirle que transforme los recursos disponibles en respuestas, con objetivos y fechas que puedan comprobarse.
Yo quiero saber cuánto se reduce la espera de quien está peor. Qué refuerzos permitirán resolver antes. Cómo se garantiza que una persona no tenga que repetir su necesidad ante sucesivas ventanillas. Qué apoyo recibe quien cuida y está a punto de derrumbarse.
Eso sería hablar de gestión. Lo demás corre el riesgo de convertirse en una competición de notas de prensa alrededor de una cama.
También debemos dejar de tratar los cuidados como una virtud privada que las familias están obligadas a practicar sin límites. Cuidar merece apoyo, descanso y reconocimiento material. La entrega de una hija, de un marido o de una madre no puede convertirse en la excusa para aplazar indefinidamente una respuesta pública.
Hay algo profundamente injusto en exigir paciencia a quienes menos margen tienen para concederla.
Antes de pedir el voto, miren la espera
Las elecciones generales están convocadas para el 29 de noviembre. El PP pide confianza para gobernar España pero debe aceptar preguntas sobre cómo gobierna donde ya tiene esa responsabilidad. Y López Miras no puede reclamar autoridad política para recomendar una papeleta y esconder su balance cuando ese balance incomoda.
Si se presenta como garantía de buena gestión, tendrá que explicar qué garantía encuentran las familias en estos resultados. Si presume de prioridades, tendrá que demostrar dónde coloca a quienes necesitan cuidados. Si habla de dignidad, habrá que preguntarle cómo se protege durante la espera.
La campaña ofrece una oportunidad para exigir respuestas que duren más que un eslogan. Que cada compromiso venga acompañado de recursos, responsables y plazos. Que las entrevistas dediquen a la dependencia algo más que el minuto compasivo antes de regresar a la estrategia de los partidos.
Propongo una prueba sencilla para cualquier promesa electoral: leerla pensando en alguien que necesita ayuda mañana. Si solo funciona imaginando una legislatura entera, quizá sea insuficiente para esa persona.
Y propongo otra para nosotros, los ciudadanos: no acostumbrarnos. No aceptar que la demora sea una característica inevitable del paisaje murciano. No permitir que la palabra «dependencia» nos suene a departamento cuando habla de la posibilidad de vivir con dignidad.
Mi crítica al Gobierno regional nace de ahí. De la indignación que produce ver una necesidad humana convertida en paciencia obligatoria. De pensar que cualquiera de nosotros puede acabar al otro lado de esa solicitud. De saber que una familia puede hacerlo todo bien y aun así quedarse esperando.
El PP tendrá sus mensajes preparados. López Miras tendrá sus argumentos. Quienes cuidan merecen escuchar algo más útil que una explicación sobre lo satisfecho que está el poder consigo mismo.
Antes de pedirnos otro voto, presidente, mire esa espera. Y recuerde que quienes siguen en ella necesitan llegar a mañana con ayuda. Las elecciones pueden esperar a su fecha. Sus cuidados no.
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