«PP y Vox rechazan las protecciones a los inquilinos mientras López Miras recomienda al Gobierno seguir el ejemplo de Murcia que no ha construido ni una vivienda en los últimos diez años»

La gente sale a la calle porque no puede pagar el alquiler y la derecha corre a tranquilizar a los caseros. Después se extrañan de que haya ciudadanos que no se sientan representados. Hombre, representados estamos todos. Lo que pasa es que a unos los representan para defender sus intereses y a otros para explicarles por qué tienen que aguantarse.
Este viernes, en el Congreso, PP y Vox han vuelto a elegir. Han votado contra los dos decretos de vivienda, acompañados por Junts, que tiene sus diferencias con la derecha española, pero sabe aparcarlas cuando se habla de cosas serias. La nación puede esperar. La propiedad, ni tocarla. Resulta enternecedor comprobar cómo se reconcilian quienes parecían condenados a no entenderse jamás.
Fuera había gente reclamando soluciones. Dentro se rechazaban medidas para proteger a personas vulnerables frente a los desahucios y dar estabilidad a quienes viven de alquiler. No iban a arreglar de golpe el problema de la vivienda. Naturalmente. Tampoco una ambulancia arregla la sanidad y no por eso recibimos al conductor pinchándole las ruedas.
Se podía exigir más. Se podían discutir los textos, negociar cambios, intentar mejorarlos. Pero se ha optado por tumbarlos. Y ahora vendrán a contarnos que lo han hecho pensando en los inquilinos. Porque esa es otra: además de dejarte sin protección, quieren que admires su preocupación por ti.
Hay que reconocer que los fondos buitre tienen una ventaja considerable sobre quienes se manifiestan. No necesitan perder una tarde, hacerse una pancarta ni terminar afónicos. Sus intereses reciben una atención estupenda sin que tengan que salir de la oficina. Quienes temen perder su casa, en cambio, todavía deben justificar por qué están tan enfadados.
La familia, siempre que tenga piso
El PP habla de seguridad jurídica con una solemnidad que casi obliga a ponerse de pie. Me parece bien. Pero alguna vez podríamos hablar de la seguridad de quien paga puntualmente y no sabe si podrá seguir en su casa cuando termine el contrato. También tiene una vida que organizar. Aunque no la tenga inscrita en el Registro de la Propiedad.
Para esa persona hay paciencia. Para el mercado, garantías. La diferencia se explica sola.
A Vox le preocupa muchísimo la familia. Los hijos que no tenemos, los matrimonios que no formamos, el país que vamos a dejar vacío. Escuchándolos, parece que basta con querer mucho a España para que aparezca una habitación donde poner la cuna. Luego preguntas por el alquiler y te miran como si hubieras venido a sabotear la natalidad.
Quieren familias numerosas, pero proteger el techo de esas familias ya les parece una intromisión intolerable. Hay que tener hijos por patriotismo y encontrarles alojamiento por tu cuenta. Si no te salen los números, siempre puedes arroparlos con la bandera. Calentar no sé si calentará, pero queda estupenda en las fotografías.
El PP se ahorra esos excesos y habla de construir. Construir más. Aumentar la oferta. De acuerdo. ¿Y mientras tanto? Porque las grúas tardan en llegar y el recibo no. A una familia a la que se le acaba el contrato en noviembre no puedes contestarle que el sector tiene unas perspectivas magníficas. No está pensando en el sector. Está pensando dónde va a dormir.
Y no, no todos los propietarios son iguales. Una jubilada que completa su pensión alquilando un piso no es un fondo que acumula viviendas. Precisamente por eso molesta tanto que nos enseñen siempre a la jubilada cuando toca defender intereses que la sobrepasan de largo. La ponen delante para dar pena y detrás cabe un consejo de administración entero.
Mi juicio sobre lo ocurrido es claro: las derechas se han puesto del lado del rentismo. Han preferido rechazar estas protecciones antes que aceptar límites que incomodan al negocio. Podrán envolverlo en todas las explicaciones técnicas que quieran. Al final, hay alguien que conserva la capacidad de imponer condiciones y alguien que tendrá que aceptarlas o hacer las maletas.

López Miras busca la salida
En Murcia tenemos, además, a un presidente autonómico al que le ha molestado que Sánchez implique a las comunidades en este problema. «Yo invito y tú pagas», ha dicho López Miras.
Presidente, aquí los que pagan son los inquilinos. Y llevan tiempo pagando bastante. Usted no es el amigo al que han sentado por sorpresa en una cena cara. Usted gobierna. No entró en San Esteban a preguntar una dirección y acabaron dándole un despacho.
El puesto incluye esas incomodidades: que la gente espere soluciones, que pregunte qué está haciendo y que no se conforme con escuchar otra vez el apellido de Sánchez. Si toda su respuesta consiste en remitirnos a Madrid, habrá que plantearse para qué necesitamos una Presidencia autonómica. Para reenviar correos hay programas bastante más baratos.
Pero López Miras no se ha limitado a repartir culpas. También ha recomendado al Gobierno central «seguir la senda y la estela de la Región de Murcia». Hay que tener confianza en uno mismo. La suficiente para que un murciano no encuentre un piso que pueda pagar y su presidente considere que ha llegado el momento de exportar el modelo.
Yo resolvería unas cuantas cosas antes de ofrecer visitas guiadas al éxito.
El presidente presume del objetivo de construir 25.000 viviendas en cinco años. Ojalá estén, sean accesibles y lleguen a quienes las necesitan. Habrá que verlo. Entretanto, convendría no hablar de ellas como si sus futuros vecinos estuvieran ya discutiendo en el grupo de WhatsApp de la comunidad. Entre anunciar una casa y entregar las llaves caben muchas ruedas de prensa.
Cinco años, además, se hacen largos cuando te quedan tres meses de contrato. No es una cuestión ideológica. Es el calendario.
López Miras también ha reprochado al Gobierno que pretenda resolver en un día un problema generado durante ocho años. Pues habrá que empezar algún día, hombre. Lo difícil de entender es que la antigüedad del problema sirva para justificar el rechazo de medidas que intentan abordarlo. Según esa lógica, cuando el atasco sea suficientemente grande podremos cerrar la carretera y dar el asunto por resuelto.
Construir vivienda y proteger al inquilino actual son tareas compatibles. Incluso deberían caber en la agenda de un mismo Gobierno. Lo que ya cansa es que las casas del futuro sirvan siempre para desentenderse de quienes necesitan una ahora.
Esta vez, que bajen ellos
El Gobierno de España tampoco queda absuelto por la votación. Tiene que responder por sus retrasos, por sus decisiones y por sus resultados. Ser progresista no da derecho a pedir paciencia eternamente. Pero exigirle más no obliga a disimular quién ha votado contra estas medidas. Cada cual debe cargar con lo suyo.
Por eso hay que salir a la calle. Porque trabajar y no poder pagarte una casa no puede acabar pareciéndonos normal. Porque no es razonable vivir pendiente de una renovación como quien espera los resultados de una biopsia. Porque hay demasiada gente aplazando su vida para que otros sigan explicándole que debe tener paciencia.
Y salgamos sin preguntarle al de al lado qué votó. También habrá votantes del PP ahogados por el alquiler y votantes de Vox cuyos hijos no pueden emanciparse. El casero no suele hacer descuentos por afinidad ideológica. A todos les conviene recordar que sus representantes están para algo más que ganar discusiones en la televisión.
Tomemos la calle. Pacíficamente, con firmeza y sin pedir perdón por necesitar un techo. Que tengan que escucharnos también en Murcia. Que López Miras compruebe que hay preguntas que no desaparecen señalando a Madrid.
Y si vuelve a salir con lo de «yo invito y tú pagas», que baje a explicarlo. Allí encontrará a unos cuantos que pagan todos los meses y ya están hartos de que les tomen por tontos.
Este domingo, 4 de octubre, a las 18:00, nos vemos en la plaza de la Cruz Roja de Murcia para reclamar el derecho a la vivienda y plantar cara a la especulación. Llevemos a la calle el cabreo que se queda en casa cada vez que miramos los anuncios de alquiler o hacemos cuentas y no salen. Que nos escuchen también quienes el viernes decidieron que podíamos seguir esperando. Y López Miras, si quiere saber por qué protestamos, lo tiene fácil: que se acerque. Esta vez no tendrá que ir a Madrid a buscar culpables. Le bastará con escuchar a los murcianos a los que debe soluciones. Tomemos la calle.
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