La creadora islandesa repasó cinco décadas de obra crítica y abrió un debate con artistas, arquitectos y gestores culturales

El Colegio Oficial de Arquitectos de la Región de Murcia (COAMU) se convirtió esta semana en un foro inusual donde la estética no se presentó como refugio, sino como herramienta de presión. La artista islandesa Rúrí ofreció una conferencia centrada en su trayectoria y en su manera de entender el arte como palanca de activismo medioambiental, con un recorrido por proyectos e instalaciones que, según expuso, interpelan directamente al espectador sobre la relación entre el ser humano y su entorno natural.
La sesión reunió a un público diverso y muy especializado: creadores de la Región de Murcia, gestores culturales, arquitectos con trayectoria y jóvenes profesionales. Ese perfil marcó el tono del encuentro, que no se quedó en la admiración formal ni en la anécdota biográfica. Al término de la intervención, la conversación derivó en un debate en el que afloraron preguntas de fondo: qué puede hacer el arte ante el cambio climático, cómo se traduce la denuncia en acción y qué papel juegan instituciones culturales y colegios profesionales cuando el deterioro ambiental ya no es una abstracción, sino un conflicto contemporáneo.
El decano del COAMU, Arturo García, presentó a la artista situándola como una de las figuras relevantes del arte contemporáneo comprometido con la defensa de la naturaleza y la reflexión social. En esa introducción quedó planteada la clave del acto: no se trataba de una conferencia “sobre arte”, sino de una conferencia sobre el arte cuando se convierte en un ariete, cuando busca abrir una grieta en la indiferencia y obliga a mirar de frente lo que suele permanecer fuera de cuadro.
Un universo conceptual contra el cambio climático
Durante su intervención, Rúrí presentó una selección de obras representativas de su trayectoria, definida por un compromiso continuado con la denuncia del cambio climático y con una reflexión persistente sobre la relación entre humanidad y naturaleza. La conferencia trazó ese hilo a través de piezas concebidas como instalaciones, acciones artísticas y proyectos de investigación visual, un enfoque que la organización del acto describió como el de un arte que no se limita a “representar” problemas, sino que intenta mover conciencias y cuestionar comportamientos.
En el relato compartido en el COAMU, la artista plantea que el trabajo creativo puede actuar como un mecanismo de alerta: amplificar lo que suele quedar diluido en estadísticas, discursos políticos o titulares fugaces. Es una forma de insistir, de dejar huella, de construir memoria. Y esa insistencia cobra sentido cuando se habla de pérdida ambiental, de impactos irreversibles, de ecosistemas transformados por dinámicas industriales o por decisiones que se toman lejos del territorio y se sufren de manera local.
La respuesta del público, según se constató en el coloquio posterior, se movió entre el interés artístico y la urgencia ética. La sala funcionó como un espacio de contraste generacional y profesional: arquitectos que piensan el territorio desde el diseño y la planificación; artistas que trabajan con símbolos y percepción; gestores culturales que se enfrentan a límites presupuestarios y a narrativas institucionales; jóvenes que miran el futuro con la sensación de que el margen se estrecha. La conferencia conectó esas miradas desde una pregunta incómoda: si el problema ambiental es global, ¿cómo se actúa desde lo cercano, desde lo cotidiano, desde los lugares donde la cultura también construye modelo social?
Una trayectoria internacional de más de cinco décadas
Rúrí (Reikiavik, 1951) fue presentada como una de las artistas contemporáneas más influyentes del norte de Europa, con una trayectoria que supera cinco décadas y una obra que cruza géneros y formatos. Según la información compartida durante el acto, su práctica abarca instalaciones, performance, fotografía, cine experimental y medios multimedia, articulados desde una mirada crítica que explora la identidad, la memoria colectiva y los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas.
Su formación, de acuerdo con la reseña difundida por la organización, incluye la Escuela Islandesa de Artes y Oficios y la De Vrije Academie Psychopolis (La Haya). También se subrayó su papel pionero en la performance en Islandia y su participación en la creación de espacios artísticos, un detalle que refuerza una idea central de su perfil: no solo produce obra, también contribuye a crear contexto, a abrir caminos para que el arte crítico exista y tenga lugar.
Entre los hitos citados se mencionó su instalación Archive – Endangered Waters, presentada en la Bienal de Venecia en 2003, que documentó la desaparición de cascadas islandesas amenazadas por desarrollos industriales. En el marco de la conferencia, esta pieza se destacó como ejemplo de un método recurrente en su trayectoria: registrar lo que desaparece, convertir la pérdida en documento y, al hacerlo, trasladar al espacio cultural una pregunta política y moral sobre el coste real del “progreso”.
La reseña también situó su obra en un cruce de temas que van más allá de lo estrictamente ecológico: justicia ambiental, derechos humanos y equidad social. Ese enfoque fue relevante en el debate posterior, porque desplaza el discurso del “medio ambiente” como problema técnico y lo reubica como problema de modelo, de desigualdad y de prioridades. El impacto del cambio climático no se reparte de manera uniforme, y la conferencia —según el planteamiento compartido— empuja a pensar quién paga el precio cuando se degradan recursos, se destruyen paisajes o se altera la habitabilidad de los territorios.
COAMU refuerza su agenda cultural con mirada crítica
La conferencia se enmarca dentro de las actividades culturales y académicas impulsadas por el COAMU, que con este tipo de iniciativas busca reforzar su apuesta por cultura, innovación y pensamiento crítico. El acto también proyecta una imagen del Colegio como espacio abierto a propuestas internacionales vinculadas a nuevas formas de conocimiento y a debates que atraviesan disciplinas: arte, arquitectura, ciencia, ciudadanía.
En una Región de Murcia donde la conversación pública sobre el territorio suele quedar atrapada entre la urgencia económica y la discusión política, la presencia de una figura como Rúrí introduce un matiz distinto: la cultura no como ornamento, sino como dispositivo de reflexión, y la belleza no como evasión, sino como forma de señalar lo que se está perdiendo. Que el debate se produjera en un entorno colegial, además, añade una capa significativa: la defensa del planeta no es un asunto exclusivo de activistas o especialistas ambientales, también interpela a profesiones que planifican, construyen y transforman el espacio.
El encuentro dejó una idea de fondo difícil de neutralizar: cuando la guerra climática se cuela en la vida cotidiana, el arte puede elegir entre decorar el desastre o ponerle nombre. La conferencia de Rúrí en el COAMU se presentó, precisamente, como una apuesta por lo segundo: convertir el trabajo creativo en un recordatorio persistente de que la naturaleza no es un escenario, sino un sistema del que depende todo lo demás. Y que protegerla no es un gesto retórico, sino una obligación cultural, social y política.
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