Versos para el rojerío (IV)

Versos para el rojerío (IV)

«Versos para el Rojerío, un poemario a mi estilo que contiene próximo a los cien poemas y puede que haga el número ochenta y tantos de los poemarios que llevo escritos, aparte de ensayos, novelas, artículos y demás. Asuntos que ocupan muchos renglones»

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Cumpliendo los expresos deseos de Juan Eladio Palmís transmitidos antes de su fallecimiento, LasNoticiasRM va a publicar su último poemario. Tal como nos trasmitió, y debido a su extensión, este se irá publicando semanalmente de diez en diez poemas.

Es probable, que el golpe de estado milico, Vaticano, al que tuvieron que enfrentarse los republicanos españoles, fue el más multinacional de los que ha habido en el mundo. El clero y el fascismo y el militarismo universal que saca galones y teoría de conductas patrias mientras tira de escalafón, en cuanto hay un grave acontecimiento, la patria entera la dejan en manos y sangre de nosotros el pueblo, hipotecada en odios y heridas. Es probable que el agua más contaminada, la destila la Historia de España, con extensos y experimentados, de lo fácil que resulta, alterarlo todo para que se caigan las nueces del lado que interesa.

Versos para el Rojerío, un poemario a mi estilo que contiene próximo a los cien poemas y puede que haga el número ochenta y tantos de los poemarios que llevo escritos, aparte de ensayos, novelas, artículos y demás. Asuntos que ocupan muchos renglones.

Nadie tiene obligación de leerlos; pero el pueblo, la gente, nosotros, tampoco tenemos obligación de guardar silencio, mientras estafan nuestras vidas, y recuerdo como gente, puede que igual de estafadores, mandaron antes, después. Y ahora mismo, con la experiencia social que tenemos gracias al empuje de las mujeres españolas, que como los hombres, que sus aburrimientos y miedos sin solución, lo pasan algunos sentados en las iglesias.

Y no se sabe nada de que el mundo entero se ha beneficiado, un territorio por el valor de la palabra de un clérigo, mientras yo sigo sintiendo amor y admiración y respeto, porque lleva el legón a cuestas, y lo escuchaba cantar coplas camino del bancal. 


EL ESTRAPERLO

Nacido de la miseria,
El estraperlo,
La rueda de atrás
de la bicicleta,
lo más gruesa posible,
unos sacos de garbanzos,
de habichuelas
o de boniatos,
iban y venían
en un dramático juego
al escondite,
de comida atrasada,
de pobreza
en bicicleta
con la rueda de atrás reforzada,
de un lugar a otro,
de hambre en hambre,
porque había que pagar
la enorme factura
de las armas
que por años
se dijo y se mantuvo
que fueron regaladas
por dios,
y las buenas gentes
cristianas.

El estraperlo era delito,
El tener a la gente hambrienta,
Ni lo es ni nunca lo fue,
Porque los más pillos
Del pueblo,
El clero,
Son expertos en reglas
Para la vida,
Y los que más saben
Cuanta hambre hace falta
Para llegar rápidos al cielo,
Que es, según,
Lo importante.

AGUJEROS NEGROS

Cuatro suelas,
Dos pares de botas,
Una suela estelar
En la pareja
Con un agujero negro,
Tapado con cartón,
Que te evitaba mirar al
firmamento
Para divisar,
Un agujero negro.

El nacional catolicismo
Un espacio celeste
Lleno de agujeros negros
Que estuvieron enjalbegados
Demasiado tiempo,
Y se ha conocido
Su verdadero color pasado,
y no del todo,
que fue brutal,
y puede que el más negro
de todo el firmamento español,
poco a poco.

El agujero negro de la bota
Con rabia,
Lamentando el dedo
Y el gatillo,
Que sirvió,
Conciencia aparte,
Imborrables recuerdos
En sueños y despierto,
De ser grano de arena
De un montón,
De una duna negra,
De una España,
Que, hasta el agua de beber,
Por años
Fue muy negra.

Hambre, injusticia
Y miseria,
Y angélicos al cielo,
Descalzos,
O con un agujero negro
En la suela,
Que luchó
Por tenerlo.

BANDERA

Bandera al viento,
A la lluvia,
Al sol,
Recordando
Que vivíamos
En España,
Que teníamos,
Según ellos,
Que no olvidar
Que por el sacrificio del clero
De ayunar,
O pasar un día
Cuartelero,
Teníamos aquella bandera,
Vieja,
Gastada,
A la puerta de la escuela.

La vi, disimulada,
En el pantalón del padre
De un amigo,
Haciendo parte
De un remiendo
Que hacía el número
Cinco
De los remiendos que llevaba
En los viejos pantalones,
Aquel bracero,
Jornalero,
Que no se sentía
Más español
Por llevar un trozo
De bandera
Por remiendo.

Ni mi amigo ni yo
Desvelamos nunca
Nuestro gran secreto,
Que brazos en alto,
Mientras se cantaba
“El Cara al Sol”
Tan solo movíamos
Los labios
De nuestra boca.

ENTRE EL ARRIBA Y EL AULLIDO

Fue la primera vez
Que sentí,
iluso de mí,
que me estaba saliendo
la barba.

No era una montaña
Con nieve,
Ni nevados,
Era una tarde de calor
Del final del verano,
en una zona
que frecuentábamos
los chiquillos
en ocasiones,
con nuestros juegos.

Un amigo a mi lado
Fumaba como yo
Papel de estraza
De la tienda,
Que envolvía picadura
Que llamábamos tabaco,
Cuando en realidad era
Hoja de seca de higuera
Molina con las manos
.

En su tiempo de toser
Le pedí que se callara
Que estaba intentando
Identificar
Un sonido que sonaba
De lejos
A nuestra espalda
.

Supimos que era un lobo;
el aullido de aquel lobo
que sonaba desde la llanada
que dejaba a su poniente
la sierra, donde el pueblo
empezaba.

Pero a pesar de la distancia
A la que aullaba el lobo,
Se erizó todo el pelo
de mi cuerpo,
y ese minuto y hora,
descubrí
mi incipiente barba.

Vinieron de la capital,
Curas y los de uniforme
Entre las muchas cosas
Que, al parecer,
Por las sonrisas,
Parecían de estar de acuerdo
Era con unas abultadas panzas
Y unas tremendas papadas.

Todos llevaban unas fajas rojas.
Nos obligaron a los chiquillos
a presenciar y aplaudir
en aquel acto,
que nunca conocí el motivo,
y solo cuando dijeron,
todos brazo en alto
¡¡Arriba España!!
Me dio el mismo temor
Que cuando el aullido
Del lobo,
Que fue cuando conocí
mi incipiente barba.

ACTUALIDAD

En verdad que no entiendo,
Teniendo como tenemos
Todavía testimonios
De viva voz,
La querencia ibérica
A las trincheras,
A los remiendos,
A la miseria,
A pasar la existencia
Pensando
Que la vida está
En los esqueletos
Y no en los sentimientos
Con los ojos abiertos.

El toro de lidia,
Dicen,
Que ama el sacrificio.
El ibérico,
Hombre o mujer,
La dictadura,
La vida ingrata,
Y la muerte en paz,
Como si existiera
paz en la muerte
Duradera.

Para Franco y la iglesia,
La vida tenía el mismo valor
Que una perra gorda,
Y de fusilamiento
A fusilamiento,
Se pasaba con la misma entrada,
Y con el mismo escapulario
Puesto,
Porque eliminar
A los que pueden querer
Justicia y libertad,
Según ellos,
Hay un dios que manda
eliminarlos.

EN ADELANTE

En adelante
del golpe de estado
vaticano franquista,
todo fue una gigantesca
rapiña,
donde si antes los llamados
vencedores,
entraban a saco a las ciudades,
aquí,
junto al saco,
se abrió una boca insaciable,
que cuentan que salió
del paraíso terrenal,
y en su inmensa solidaridad
dejaron el sudor
del trabajo
a sus fieles esclavos
por ellos renovados.

Cuanto más propiedades
Más pronto al paredón,
Más pronto el reparto
A la vista
O camuflado,
Porque había mucho clero
Para repartir,
Mucho español de bien,
Y el republicano muerto
Era el más y mejor
Callado.

Y todo sigue
Exactamente igual
A como fue pensado,
Ejecutado,
Y llevado a cabo.

CAL

Bajar de la higuera,
Mover inquieta la cabeza,
En su proceso de adaptación
A los tiempos,
Los hay que
Con la misma inquietud
Que mueve constante la cabeza
una paloma,
O un gorrión,
No se separan,
No se han separado
Del tronco de la higuera,
Y ni dejan que nadie
Viva cerca.

La España hilvanada
Que no cosida,
No tiene lo que se suele llamar
Ideología;
Tiene dos tipos de gente:
Los que entiende que todo
Es suyo,
Y los que les damos
Toda la facilidad existente
Para que lo tengan
O aspiren a tenerlo.

Aunque el genocidio
Vaticano franquista
Está casi logrado,
Estar blanqueado,
Todavía se pueden ver,
Del mundo de jornal,
Del trabajo,
Gentes gustosas
De llevar
En sus pláticas fanfarronas
En los bares,
en sus manos,
Los botes con la cal,
Ignorantes
De que los sentimientos
De los amos,
La inexistente ideología,
No hay cal en el mundo
Capaz de blanquearlos.

POR EL IMPERIO HACIA DIOS

En el llamado imperio español,
España puso,
De esta orilla de la mar,
Los muertos.

Lo expoliado en aquellas tierras
Se lo comió,
Casi entero,
Recién bajado de la higuera
El Vaticano.

Allí y donde nos dijeron
Que todos son pobres,
Aunque lleven los dientes
De oro;
donde la plata
Es la madera de las puertas
Para entrar
Desde el paraíso terrenal
De humildad
Que es el Vaticano,
Para entrar en un cielo,
Que,
en la medida
Que acumula más bienes
Terrenales,
Más justicia franquista,
Es el imperio español hacia dios
Verdadero.

POZO DE NIEVE

Cuando toda España
Fue un gigantesco
Pozo de nieve,
Con aludes provocados
Por el estruendo de las campanas
Y los gritos
De los arribadores
De España,
Los pozos de nieve
En las montañas
Quedaron en el recuerdo,
Porque toda España
Se congeló,
Se quedó parada,
Cacareando,
Rogándole a sus compañeros
De golpe,
Menos rezos,
Y más amparo en armas
Y dineros,
Para que la nieve
Aguantara.

Pero para hacer
El pozo de nieve
Con el que el Vaticano
y el franquismo
helaran a España,
A la España republicana,
Se pusieron frente a ella,
Alemania, Italia,
Inglaterra, Francia,
Los EE.UU.

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