La organización señala el origen terrestre de muchos residuos y reclama incluir los microplásticos en la normativa de protección de la laguna

La llegada reciente de plásticos a las orillas del Mar Menor, especialmente en playas de la cubeta sur, ha vuelto a encender la preocupación ciudadana por el impacto de estos residuos sobre un ecosistema ya sometido a múltiples presiones ambientales. Pacto por el Mar Menor ha alertado de que la presencia de plásticos agrícolas constituye una fuente relevante de contaminación, tanto por fragmentos visibles como por microplásticos, y reclama una respuesta pública más estricta desde la cuenca.
La organización advierte de que este problema está creciendo y que, como ocurre con otras presiones sobre la laguna, continúa sin un control eficaz. Según Pacto por el Mar Menor, la presencia de microplásticos está confirmada tanto en el agua como en organismos marinos, lo que evidencia una presión persistente sobre el ecosistema y obliga a incorporar este contaminante emergente a las políticas de seguimiento y protección ambiental.
El colectivo sostiene que las imágenes recientes de plásticos en la costa apuntan a un origen mayoritariamente terrestre, vinculado al uso intensivo de plásticos agrícolas en la cuenca vertiente. Esta lectura refuerza una idea clave en la defensa del Mar Menor: no puede hablarse de recuperación real si las actuaciones se limitan a la lámina de agua y no abordan los impactos que llegan desde el territorio que rodea la laguna.
Plásticos agrícolas y presión desde la cuenca
Pacto por el Mar Menor señala que acolchados, túneles e invernaderos, utilizados de forma intensiva en la agricultura y fabricados principalmente con polietileno, pueden fragmentarse en los suelos mediterráneos pobres en materia orgánica, donde la biodegradación es limitada. Estos restos, según la organización, pueden permanecer durante largos periodos en el terreno y acabar siendo transportados por escorrentía y drenajes hacia las ramblas, hasta alcanzar finalmente el Mar Menor.
La advertencia sitúa de nuevo el foco en la conexión entre el modelo de uso del suelo en la cuenca y el estado ecológico de la laguna. Durante años, el debate ambiental se ha centrado principalmente en nutrientes, escorrentías, salmueras, vertidos y episodios de eutrofización. Ahora, Pacto por el Mar Menor reclama que los plásticos agrícolas y los microplásticos sean tratados también como una presión relevante dentro de la gestión ambiental del ecosistema.
La organización recuerda que la literatura científica ya ha demostrado la capacidad de estos materiales para degradarse en fragmentos cada vez más pequeños, persistir en el ambiente y dispersarse por distintos compartimentos del sistema: suelos, drenajes, sedimentos, columna de agua y organismos marinos. El problema no es solo estético ni se limita a la retirada de residuos visibles en la playa. La parte más preocupante es la que no se ve: los microplásticos que ya forman parte del sistema lagunar.
Pacto advierte además de que los materiales denominados “biodegradables” no garantizan necesariamente una degradación completa en las condiciones edáficas de la cuenca. Por ello, reclama criterios técnicos estrictos antes de autorizar su uso, evitando que el cambio de materiales se convierta en una falsa solución que termine generando nuevos microplásticos si no existe una evaluación rigurosa.
Normativa, seguimiento y retirada completa de restos
La organización pide que los microplásticos se incorporen de forma explícita a la normativa de protección del Mar Menor y a los programas de seguimiento ambiental. A su juicio, no basta con abordar este problema como una incidencia puntual cada vez que aparecen restos en la orilla, sino que debe existir una estrategia estable de prevención, control, medición y retirada desde el origen.
Entre las medidas reclamadas figura la caracterización sistemática de microplásticos en suelos, drenajes y sedimentos, con el fin de conocer el alcance real del problema y su evolución. Pacto por el Mar Menor también exige la retirada completa de restos plásticos agrícolas, una responsabilidad que considera esencial para reducir la llegada de residuos a ramblas y playas.
El colectivo plantea asimismo reforzar la responsabilidad ampliada del productor, de manera que quienes ponen en el mercado materiales plásticos vinculados a la actividad agrícola asuman mayores obligaciones sobre su gestión posterior. Esta medida permitiría avanzar hacia un sistema donde la carga del residuo no recaiga únicamente sobre el medio ambiente, la ciudadanía o las administraciones encargadas de limpiar cuando el daño ya se ha producido.
La organización reclama, además, coordinación efectiva bajo un enfoque de cuenca. Esta perspectiva implica que la protección del Mar Menor no puede depender de actuaciones aisladas en las playas o en la lámina de agua, sino de un control real de las actividades, residuos y drenajes que conectan el territorio agrícola con la laguna. En ese marco, Pacto pide seguimiento de la gestión del residuo agrícola por parte de la consejería competente.
Actuar en origen para evitar otra presión crónica
Pacto por el Mar Menor insiste en que actuar en origen es imprescindible para reducir una presión catalogada internacionalmente como contaminante emergente por su persistencia y ubicuidad. La llegada de plásticos a las playas es solo la parte visible de un problema más amplio, acumulativo y difícil de revertir si no se interviene antes de que los residuos se fragmenten y entren en el sistema ambiental.
La advertencia llega en un momento en el que la recuperación del Mar Menor continúa siendo una de las grandes pruebas de credibilidad ambiental para las administraciones. El ecosistema no solo necesita menos nutrientes y mejor control de vertidos. También requiere una política preventiva frente a contaminantes que pueden permanecer durante años y cuyas consecuencias ecológicas aún exigen seguimiento constante.
La organización concluye que no puede hablarse de recuperación real mientras los microplásticos sigan entrando en la laguna sin una vigilancia específica y sin una gestión estricta de los plásticos agrícolas. El Mar Menor necesita medidas sobre la cuenca, trazabilidad de los residuos, retirada efectiva y controles que permitan saber qué materiales se usan, dónde acaban y qué impacto tienen.
La aparición de plásticos en la cubeta sur vuelve a recordar que la laguna no se deteriora solo por grandes episodios visibles, sino también por presiones constantes, dispersas y acumulativas. Para Pacto por el Mar Menor, incorporar los microplásticos a la normativa y al seguimiento ambiental ya no es una opción técnica secundaria, sino una condición imprescindible para proteger de verdad un ecosistema que sigue recibiendo impactos desde tierra.
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