UPTA alerta de que 5 de cada 10 nuevas actividades autónomas desaparecen al terminar las bonificaciones y reclama reformar los incentivos al autoempleo

La mitad de las nuevas actividades autónomas que se ponen en marcha en la Región de Murcia desaparece antes de cumplir los tres primeros años de vida. La Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos, UPTA, ha alertado de la baja supervivencia de los negocios acogidos a la tarifa plana en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos y reclama una reforma urgente del actual sistema de incentivos al autoempleo para evitar que las ayudas públicas sirvan solo para aumentar altas iniciales, pero no para consolidar proyectos viables.
La organización sostiene que el modelo actual facilita el acceso rápido al trabajo por cuenta propia, pero no garantiza que las actividades puedan mantenerse cuando termina el periodo bonificado de cotización. El resultado, según UPTA, es un alto volumen de cierres precisamente en el momento en el que los nuevos autónomos deben afrontar la cuota ordinaria junto al resto de obligaciones fiscales, financieras y comerciales propias de cualquier actividad económica.
En la Región de Murcia hay actualmente 106.629 trabajadores autónomos afiliados al RETA. Según los datos de marzo de 2026 analizados por UPTA, 14.350 autónomos continúan acogidos al sistema de tarifa plana en la comunidad autónoma. Estos beneficiarios cotizan por la base mínima correspondiente al tramo 1 de la tabla general, fijada en 950,98 euros mensuales. Con el tipo de cotización vigente este año, del 30,60%, la cuota ordinaria se situaría en torno a 291 euros al mes, cerca de 3.492 euros anuales por trabajador autónomo.
Tomando como referencia esos 14.350 beneficiarios activos en la Región, UPTA calcula que el volumen de cotizaciones ordinarias afectadas por la tarifa plana rondaría los 50,1 millones de euros anuales. La organización matiza que el coste neto real para la Seguridad Social sería inferior, ya que debe descontarse la cuota reducida que sí abonan los autónomos beneficiarios, pero insiste en que se trata de un esfuerzo público relevante que debe evaluarse por sus resultados reales.
Muchos negocios caen cuando llega la cuota real
UPTA advierte de que el problema no está en la existencia de incentivos al autoempleo, sino en su diseño. La tarifa plana reduce temporalmente la cuota y facilita el inicio de una actividad, pero no siempre va acompañada de formación, asesoramiento, planificación económica o filtros mínimos de viabilidad. Esa ausencia de acompañamiento provoca que muchas personas se den de alta sin contar con un proyecto sólido, sin experiencia suficiente en gestión o sin una previsión realista de ingresos y gastos.
La organización estima que casi 5 de cada 10 nuevas actividades por cuenta propia desaparecen antes de cumplir tres años. El momento crítico llega cuando finaliza la reducción de cuotas. Entonces, el autónomo debe empezar a asumir el coste real de cotización y, al mismo tiempo, hacer frente a impuestos, proveedores, alquileres, suministros, seguros, financiación, inversiones, compras, gastos comerciales y posibles deudas acumuladas durante los primeros meses.
Para muchos pequeños negocios, ese salto resulta determinante. La tarifa plana permite empezar con menos presión, pero puede generar una falsa sensación de viabilidad si la actividad no produce ingresos suficientes para sostenerse una vez desaparece la bonificación. UPTA considera que esta situación convierte el sistema actual en una posible “trampa” para miles de personas que emprenden sin preparación adecuada ni estructura económica suficiente.
El impacto de un cierre prematuro no es solo estadístico. Detrás de cada baja en el RETA puede haber deudas con administraciones públicas, impagos a proveedores, préstamos pendientes, pérdida de ahorros, frustración personal y dificultad para volver al mercado laboral. El fracaso empresarial temprano deja una huella económica y emocional que no siempre aparece en los balances de las políticas públicas de emprendimiento.
El autoempleo exige mucho más que una cuota reducida. Requiere conocimiento del sector, capacidad comercial, planificación financiera, control de costes, adaptación al mercado, cumplimiento fiscal, gestión administrativa y resistencia ante imprevistos. Sin esas herramientas, el incentivo inicial puede empujar a emprender a personas que no están suficientemente preparadas o que no disponen de un proyecto con posibilidades reales de continuidad.
UPTA pide formación, experiencia y planes de negocio
UPTA reclama que el acceso a la tarifa plana se vincule a mecanismos que refuercen la viabilidad de los proyectos. Entre sus propuestas figuran procesos de formación y cualificación previa, acreditación de experiencia profesional, formación relacionada con la actividad económica, asesoramiento profesional obligatorio y presentación de un plan de negocio con criterios mínimos de sostenibilidad económica.
La organización defiende que las políticas públicas de apoyo al autoempleo no pueden limitarse a reducir temporalmente la cuota de cotización. A su juicio, las ayudas deben orientarse a consolidar negocios, no solo a facilitar altas en el RETA durante unos meses. Eso implica cambiar la forma de medir el éxito de los incentivos: no basta con contar cuántas personas se dan de alta, sino cuántas permanecen activas, cuántas generan ingresos suficientes y cuántas logran consolidarse después de tres o cinco años.
El presidente de UPTA, Eduardo Abad, ha sido claro al respecto: “La tarifa plana no puede seguir siendo únicamente un incentivo estadístico para incrementar altas en el RETA. Debe convertirse en una herramienta real de consolidación de negocios y generación de empleo estable”.
La propuesta no pretende eliminar la tarifa plana ni los incentivos al autoempleo. UPTA insiste en que su objetivo es mejorar el sistema para que los recursos públicos sean más eficaces y reduzcan el riesgo de fracaso. La organización considera que una persona que quiere emprender debe recibir apoyo antes, durante y después del alta, especialmente en los primeros años, cuando el negocio es más vulnerable.
La formación previa puede ayudar a evitar errores frecuentes: calcular mal los costes reales, fijar precios insuficientes, no prever impuestos, depender de pocos clientes, desconocer obligaciones laborales o fiscales, no evaluar la competencia o asumir inversiones que no se corresponden con la capacidad inicial del proyecto. Un plan de negocio no garantiza el éxito, pero puede reducir la improvisación y permitir detectar riesgos antes de que sea demasiado tarde.
Un debate necesario sobre el uso de los recursos públicos
La advertencia de UPTA llega en un momento en el que muchas comunidades autónomas han complementado la tarifa plana estatal con programas de cuota cero, que permiten devolver total o parcialmente las cotizaciones abonadas durante el primer o segundo año de actividad. Estas medidas incrementan el esfuerzo presupuestario destinado al autoempleo, pero, según la organización, deben ir acompañadas de evaluación real sobre supervivencia empresarial.
El debate afecta de lleno a la Región de Murcia, donde el trabajo autónomo tiene un peso importante en el tejido económico. Comercios, bares, talleres, transportistas, agricultores, profesionales, servicios personales y pequeñas actividades sostienen buena parte de la vida económica de barrios, municipios y pedanías. Pero precisamente por esa importancia, UPTA considera imprescindible que las políticas de apoyo no generen altas frágiles que terminan cerrando al poco tiempo.
La organización pide abrir una reflexión profunda sobre la eficacia de las ayudas actuales. Si una parte importante de los nuevos autónomos desaparece antes del tercer año, el sistema necesita ajustes. No se trata solo de facilitar el inicio, sino de acompañar la continuidad. Un negocio que cierra pronto no solo deja de cotizar: puede dejar deudas, destruir expectativas y aumentar la desconfianza hacia el emprendimiento.
UPTA defiende reforzar los programas de apoyo a la continuidad de los negocios, mejorar la eficiencia de los recursos públicos y minimizar los riesgos de fracaso. En lugar de incentivar altas sin suficientes garantías, la organización propone orientar las ayudas hacia proyectos con formación, experiencia, asesoramiento y viabilidad económica.
“Esta propuesta no significa acabar con la tarifa plana ni con los incentivos al autoempleo. Lo que queremos es mejorar el sistema, conseguir una mayor eficiencia y eficacia de los recursos públicos, reforzar los programas de apoyo a la continuidad de los negocios y minimizar los riesgos de fracaso en el emprendimiento”, ha concluido Abad.
La Región de Murcia cuenta con más de 14.000 autónomos acogidos actualmente a la tarifa plana. La cifra demuestra el alcance de una herramienta que ha servido para facilitar el inicio de muchas actividades, pero también obliga a preguntarse cuántas lograrán sobrevivir cuando llegue la cuota real. Para UPTA, la respuesta exige reformar el sistema antes de que la tarifa plana siga funcionando como una puerta de entrada rápida al autoempleo, pero también como una salida prematura para miles de negocios que nunca llegaron a consolidarse.
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