Once millones de humo frío

Once millones de humo frío

«López Miras vende climatización para aulas sin presupuestos, sin techo de gasto aprobado y sin mayoría suficiente para garantizarla«

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Fernando López Miras ha vuelto a hacer lo que mejor define al mirismo: convertir una necesidad urgente en un titular aplazado. Esta vez ha sido la climatización de las aulas. Once millones de euros, dijo en la Asamblea Regional, para mejorar el confort térmico de colegios e institutos. Once millones que sonaron a respuesta inmediata, a compromiso firme, a solución en marcha. Pero bastaba leer la letra pequeña para comprobar que no había obra, ni calendario cerrado, ni licitación, ni dinero disponible. Había, simplemente, un anuncio condicionado a unos futuros presupuestos regionales que ni siquiera existen todavía.

Ese es el truco. El Gobierno regional no dijo que estuviera invirtiendo ya 11 millones. Dijo que el próximo proyecto de Presupuestos incluirá 7 millones para incrementar potencia eléctrica y climatización, y otros casi 4 millones para mantenimiento y actualización de infraestructuras educativas. Es decir, López Miras no anunció una ejecución, anunció una intención presupuestaria futura. Y lo hizo en mayo, cuando la Región de Murcia continúa con los presupuestos de 2025 prorrogados para 2026 y sin una nueva ley presupuestaria aprobada para este ejercicio.

El mirismo funciona así: primero se lanza el titular, después se espera a que los medios lo reproduzcan, luego se coloca la fotografía institucional y, finalmente, la realidad administrativa ya se verá. Si el dinero llega, se vende dos veces. Si no llega, se culpa a la infrafinanciación, a Pedro Sánchez, a Vox, a la oposición, a la burocracia, a Europa, al calor o al destino. Nunca al Gobierno que anunció antes de tener garantizado lo que anunciaba.

La Región de Murcia conoce bien esta técnica. Se anuncian planes contra el amianto y el amianto sigue ahí. Se anuncian planes para acabar con los barracones y más de 2.000 alumnos continúan estudiando en aulas prefabricadas. Se anuncian mejoras de infraestructuras y luego llegan goteras, desprendimientos, centros deteriorados y familias preguntando por qué sus hijos tienen que aprender en edificios que no resisten ni la lluvia ni el verano. Ahora se anuncia climatización cuando el curso ya encara la recta final y cuando las aulas volverán a convertirse, en pocas semanas, en espacios difíciles de soportar para alumnado y profesorado.

El anuncio no enfría un aula

La escena es casi perfecta como metáfora política. En mayo, con el calor llamando ya a las ventanas de colegios e institutos, el presidente regional anuncia 11 millones para climatizar aulas. Pero el dinero no está disponible. Depende de los próximos presupuestos. Y esos presupuestos dependen antes de un techo de gasto, de una tramitación parlamentaria, de negociaciones políticas y de una mayoría que el PP no tiene por sí solo.

El PP cuenta con 21 escaños en una Asamblea de 45. La mayoría absoluta está en 23. No es una opinión: es aritmética. López Miras necesita apoyos para sacar adelante unas cuentas regionales. Ya ocurrió con los presupuestos de 2025, cuando el techo de gasto salió adelante en junio con los votos del PP, la abstención de Vox y el rechazo de PSOE y Podemos-IU. Después, el presupuesto se aprobó en julio.

Por eso el anuncio de los 11 millones tiene mucho más de operación comunicativa que de compromiso verificable. Para que ese dinero llegue realmente a los centros tiene que existir un presupuesto aprobado. Para que exista presupuesto aprobado, López Miras necesita negociar. Y ahí está el problema: el presidente regional no quiere negociar con el PSOE, y Vox ya ha dejado claro en demasiadas ocasiones que su apoyo nunca es gratis. En la Región de Murcia, cada presupuesto se ha convertido en una partida de chantaje político donde la educación pública, la sanidad o los servicios sociales acaban atrapados entre titulares del PP y exigencias de la ultraderecha.

Ese es el agujero central del anuncio. López Miras vende como hecho algo que todavía es una hipótesis. No depende solo de su voluntad, ni de una frase pronunciada en sede parlamentaria. Depende de una ley que no está aprobada, de un trámite que ni siquiera ha culminado y de una negociación política que puede bloquearse, retrasarse o deformarse. Pero el titular ya está lanzado: “11 millones para climatizar aulas”. Lo demás, para el mirismo, es secundario.

La propaganda tiene una ventaja: llega antes que la comprobación. Una frase del presidente se convierte en noticia. Los matices quedan enterrados. Pocos ciudadanos leen después si el crédito estaba consignado, si la partida se ejecutó, si las obras salieron a licitación, si los centros recibieron la inversión o si todo quedó en otro plan más de esos que duermen en una carpeta administrativa hasta la siguiente campaña de anuncios.

El problema es que un aula no se climatiza con una nota de prensa. Un colegio no mejora porque el presidente pronuncie una cifra. Un instituto no deja de ser una sauna porque el Gobierno regional prometa una partida futura. La realidad física de los centros necesita contratos, proyectos, plazos, instalaciones eléctricas, obras, empresas adjudicatarias, supervisión y ejecución. Todo lo demás es aire. Y ni siquiera aire acondicionado.

El mirismo: prometer hoy, explicar nunca

El mirismo no es solo una forma de comunicar. Es una forma de gobernar basada en el aplazamiento permanente. Consiste en anunciar una solución justo cuando el problema se vuelve demasiado visible, pero sin asumir nunca el balance de lo prometido anteriormente. Si hay aulas con calor, se anuncia climatización. Si hay amianto, se anuncia retirada. Si hay barracones, se anuncia eliminación. Si hay viviendas inaccesibles, se anuncia un plan de miles de viviendas. Si hay listas de espera, se anuncia refuerzo. Si hay críticas, se anuncia otra cosa.

Lo que nunca llega es la rendición de cuentas.

¿Dónde está el cumplimiento completo del plan de retirada de amianto? ¿Dónde está el fin de los barracones? ¿Dónde están las inversiones ejecutadas en todos esos centros que llevan años reclamando obras? ¿Dónde están los calendarios verificables? ¿Dónde están los informes de ejecución? ¿Dónde está la explicación de por qué se anuncian nuevas partidas mientras otras anteriores siguen sin culminar?

La respuesta del mirismo siempre es parecida: cambiar de pantalla. No se responde sobre lo incumplido; se anuncia lo siguiente. Es una huida hacia adelante envuelta en lenguaje de gestión. El presidente regional se coloca ante el micrófono y presenta el futuro como si fuera presente. La promesa sustituye a la obra. El titular sustituye al presupuesto. La intención sustituye a la ejecución.

En el caso de la climatización, el truco resulta especialmente evidente porque el propio anuncio queda condicionado a los “próximos Presupuestos”. No hay que ser técnico de Hacienda para entender lo que eso significa: si no hay presupuesto, no hay partida; si no hay partida, no hay inversión; si no hay inversión, no hay climatización. Y si el presupuesto depende de Vox o de una negociación que el PP no quiere abrir con el PSOE, entonces el anuncio tiene una fragilidad política enorme.

López Miras sabe todo eso. Su equipo también. Pero la lógica no es solucionar hoy, sino ocupar el relato. Durante unas horas, incluso durante unos días, el Gobierno regional consigue que se hable de los 11 millones y no de las aulas que siguen sin condiciones térmicas adecuadas. Que se hable del plan anunciado y no de los planes incumplidos. Que se hable del futuro y no del presente.

Ese es el verdadero confort térmico del PP: crear una cámara de aire entre la realidad y la ciudadanía para que el calor de la crítica no llegue al presidente.

La educación pública no necesita más humo

La educación pública de la Región de Murcia no necesita más anuncios. Necesita ejecución. Necesita centros sin amianto, sin goteras, sin desprendimientos, sin barracones eternos y sin aulas insoportables cuando llega el calor. Necesita planificación seria, no promesas condicionadas a presupuestos inciertos. Necesita inversiones verificables, no cifras redondas lanzadas en la Asamblea para conseguir titulares.

El Gobierno regional asegura que desde 2020 ha invertido cerca de 80 millones en eficiencia energética en más de un centenar de centros educativos y que en 2025 puso en marcha nuevas infraestructuras y ampliaciones con 32 millones de euros. Esos datos forman parte del relato oficial. Pero el problema es que, si después de esas inversiones anunciadas la comunidad educativa sigue denunciando calor extremo, barracones, amianto y centros deteriorados, entonces la pregunta es obligada: ¿dónde está el resultado real de tanta propaganda?

Porque la política no se mide solo en millones anunciados. Se mide en aulas habitables. Se mide en niños que no estudian en prefabricadas. Se mide en docentes que no trabajan en condiciones imposibles. Se mide en familias que no tienen que denunciar desprendimientos. Se mide en centros donde el verano no convierte la jornada escolar en una prueba de resistencia.

López Miras intenta vender los 11 millones como una prueba de compromiso con la educación pública. Pero el compromiso se demuestra aprobando presupuestos a tiempo, ejecutando partidas, retirando amianto, eliminando barracones, manteniendo centros y dando la cara cuando no se cumple. Lo demás es marketing institucional.

El anuncio del jueves no fue una inversión. Fue una promesa con aire acondicionado imaginario. Un titular fresco para tapar aulas calientes. Una cifra colocada estratégicamente en el debate parlamentario para que los periódicos hablaran de futuro mientras el presente sigue oliendo a abandono.

Y eso, precisamente, es el mirismo en estado puro: hacer política como si gobernar consistiera en anunciar mañana lo que no se ha sido capaz de resolver ayer. El problema es que los niños no estudian en titulares. Los profesores no dan clase dentro de una nota de prensa. Y las familias no pueden esperar a que el PP resuelva sus equilibrios con Vox para saber si sus hijos tendrán aulas dignas.

Once millones pueden sonar bien. Pero mientras no haya presupuesto aprobado, techo de gasto, mayoría parlamentaria, licitación y obras ejecutadas, esos 11 millones no enfrían ni un aula. Solo calientan la maquinaria propagandística de un Gobierno que ha hecho del anuncio su única climatización política.

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