El calor agrava las migrañas y dispara el riesgo de crisis en verano

El calor agrava las migrañas y dispara el riesgo de crisis en verano

Un neurólogo de Vithas advierte de que las altas temperaturas, la deshidratación y la falta de sueño pueden actuar como desencadenantes

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Las altas temperaturas pueden agravar las migrañas y aumentar tanto la frecuencia como la intensidad de las crisis en pacientes especialmente sensibles a los cambios ambientales. Con la llegada del verano y los episodios cada vez más habituales de calor extremo, los especialistas advierten de que las personas con migraña deben extremar las medidas preventivas para reducir el impacto de las temperaturas elevadas sobre su salud.

La migraña es una enfermedad neurológica que afecta a más de cinco millones de personas en España y constituye una de las principales causas de discapacidad en la población en edad laboral. No se trata de un simple dolor de cabeza, sino de una patología que puede provocar crisis incapacitantes, náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz, sensibilidad al ruido y una importante alteración de la vida cotidiana.

Según una investigación liderada por la Universidad de Cincinnati y la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, por cada incremento aproximado de 5,5 grados centígrados en la temperatura diaria se produce un aumento del 6% en la aparición de dolores de cabeza y migrañas. El efecto resulta especialmente significativo en personas con un cerebro migrañoso, más vulnerable a los cambios de temperatura, luz, descanso y hábitos diarios.

El doctor Jorge Mañez, neurólogo del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre, explica que el calor no provoca migraña en todas las personas, pero sí puede actuar como desencadenante en pacientes susceptibles. El riesgo aumenta cuando las altas temperaturas coinciden con deshidratación, cambios de rutina, falta de sueño o exposición prolongada al sol.

Por qué el calor puede activar una crisis de migraña

Las altas temperaturas pueden alterar varios mecanismos relacionados con la aparición de crisis migrañosas. Uno de los más importantes es la deshidratación, que reduce el volumen sanguíneo y puede activar las vías del dolor. Durante los meses de verano, muchas personas pierden líquidos sin ser plenamente conscientes, especialmente cuando pasan tiempo al aire libre o realizan actividad física.

Otro mecanismo relevante es la vasodilatación. El cuerpo dilata los vasos sanguíneos para disipar calor, pero ese proceso puede estimular fibras del nervio trigémino, directamente implicado en la migraña. A ello se suman las alteraciones del ritmo circadiano, provocadas por la exposición prolongada a la luz solar, los cambios de horarios, las noches calurosas y el peor descanso.

También pueden producirse cambios neuroquímicos, como fluctuaciones en la serotonina, una sustancia vinculada a los mecanismos de la migraña. Por eso, las olas de calor no suelen actuar como un factor aislado, sino como parte de una combinación de estímulos que aumentan la vulnerabilidad del paciente.

“El cerebro migrañoso es especialmente sensible a la variabilidad”, señala el doctor Mañez. El especialista advierte de que las olas de calor suelen venir acompañadas de noches de mal descanso, alteraciones de horarios y menor ingesta de líquidos, factores que elevan el riesgo de crisis.

Una relación cada vez más relevante por el cambio climático

Diversos estudios poblacionales han confirmado que entre el 30% y el 50% de las personas con migraña identifican el clima, incluido el calor, como uno de sus principales desencadenantes. Esta relación adquiere una importancia creciente en un contexto de temperaturas extremas más frecuentes, veranos más largos y episodios de calor cada vez más intensos.

El problema no afecta únicamente al momento puntual de la exposición. Según el doctor Mañez, las personas que han sufrido episodios graves relacionados con el calor, como un golpe de calor, presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar migraña a medio y largo plazo.

En regiones especialmente expuestas a temperaturas altas durante buena parte del año, como ocurre en el sureste peninsular, la prevención cobra un papel esencial. El calor extremo puede dificultar el descanso nocturno, alterar las rutinas laborales y familiares, reducir la hidratación efectiva y aumentar la exposición a luz intensa, todos ellos factores relevantes en pacientes migrañosos.

La migraña tiene además un impacto social y laboral notable. Muchas personas que la padecen ven limitada su capacidad para trabajar, estudiar, conducir, cuidar o mantener actividades cotidianas durante los episodios más intensos. Por ello, los especialistas insisten en que identificar los desencadenantes y actuar antes de que aparezca la crisis puede mejorar de forma significativa la calidad de vida.

Medidas para prevenir las migrañas durante los meses de calor

El doctor Jorge Mañez recomienda a los pacientes con migraña adoptar medidas preventivas durante los meses más calurosos. La primera es mantener una hidratación adecuada, incluso cuando no exista sensación de sed. Beber agua de forma regular ayuda a evitar la deshidratación y reduce uno de los factores más habituales de activación de crisis.

También aconseja evitar la exposición directa al sol durante las horas centrales del día, especialmente en jornadas de temperaturas extremas. Buscar sombra, utilizar ropa ligera, proteger la cabeza y reducir la actividad física intensa en las franjas de más calor pueden ayudar a prevenir episodios.

El descanso es otro elemento fundamental. Respetar los horarios de sueño y procurar ambientes frescos por la noche resulta especialmente importante para personas con migraña, ya que la falta de sueño o el sueño fragmentado pueden aumentar la frecuencia de las crisis.

El especialista recomienda además no saltarse comidas y mantener una alimentación regular. Los cambios bruscos de rutina, los ayunos prolongados o las comidas desordenadas pueden actuar como desencadenantes en algunos pacientes.

La protección frente a la luz intensa también es relevante. El uso de gafas de sol homologadas puede reducir la exposición a estímulos luminosos que, en personas sensibles, pueden contribuir a activar síntomas migrañosos.

Finalmente, Mañez aconseja consultar con el neurólogo si las crisis aumentan durante el verano. En algunos casos puede ser necesario ajustar el tratamiento preventivo, revisar la medicación de rescate o identificar nuevos factores desencadenantes relacionados con el calor.

“Con una buena prevención y seguimiento médico, muchos pacientes pueden reducir de forma notable el impacto del calor en sus migrañas y mantener su calidad de vida durante el verano”, concluye el doctor Jorge Mañez.

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