La Algameca Chica vuelve a llenar El Luzzy con un segundo pase de su documental

La Algameca Chica vuelve a llenar El Luzzy con un segundo pase de su documental

La nueva proyección será este miércoles 1 de julio tras dejar a unas 200 personas sin entrada en el estreno

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El documental sobre La Algameca Chica volverá a proyectarse este miércoles 1 de julio, a las 20:00 horas, en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy de Cartagena, después de la gran expectación generada por su estreno el pasado día 5. La primera presentación llenó las 320 butacas del auditorio y dejó fuera a alrededor de 200 personas, según ha explicado el presidente de la Asociación de Vecinos de La Algameca Chica, José Manuel de Haro.

La segunda proyección busca que quienes no pudieron acceder al primer pase tengan ahora una nueva oportunidad de ver un largometraje documental que se ha convertido en una reivindicación cultural, histórica y vecinal de uno de los enclaves más singulares del litoral cartagenero. La entrada será gratuita hasta completar aforo, aunque será necesario retirarla previamente en la taquilla de El Luzzy, situada en la planta baja del edificio, que abrirá a las 19:00 horas.

El documental está dirigido por la cineasta, fotógrafa y periodista murciana Blanca Pérez de Tudela y es el primer largometraje documental dedicado a La Algameca Chica. Con una duración de 60 minutos, la obra reconstruye la historia, la identidad, el valor patrimonial y la dimensión etnográfica del poblado a través de testimonios vecinales y voces expertas, con el objetivo de ofrecer una mirada amplia y realista sobre un espacio que, según sus impulsores, ha sido durante demasiado tiempo observado desde prejuicios o simplificaciones.

La decisión de programar un nuevo pase responde directamente al impacto social que tuvo la primera proyección. “Para nada nos esperábamos el éxito que tuvo la presentación del documental, pues las 320 butacas del auditorio de El Luzzy se llenaron y alrededor de unas 200 personas se quedaron sin poder acceder al quedar el aforo completo. Por ello, hemos decidido realizar esta segunda proyección para que todo el mundo pueda verlo y disfrutar de él”, ha señalado José Manuel de Haro.

Una mirada al poblado más allá del estigma

La Algameca Chica ocupa un lugar singular en la memoria y el paisaje de Cartagena. Situada junto al mar, con una historia de dos siglos y medio, el poblado ha sido durante generaciones un espacio ligado a formas de vida populares, a la relación directa con el litoral y a una identidad comunitaria que ha resistido entre incertidumbres administrativas, presiones urbanísticas, debates patrimoniales y miradas externas a menudo cargadas de estereotipos.

El documental aborda precisamente esa complejidad. No se limita a mostrar el enclave como una postal pintoresca ni como un problema urbano, sino que intenta explicar qué es La Algameca Chica, quiénes la habitan, qué memoria conserva y por qué su permanencia sigue siendo defendida por quienes la consideran parte inseparable de la historia viva de Cartagena.

Según la información difundida por la organización, el filme desmonta la falsa imagen marginal que algunas personas tienen del poblado y ofrece una visión construida desde el rigor, la honestidad y la pluralidad de testimonios. En la obra aparecen vecinos del lugar y especialistas que aportan contexto histórico, social, antropológico y patrimonial.

Entre las voces expertas figuran el historiador José Ibarra, el sociólogo y antropólogo Diego Fernández, la profesora de la Universidad Politécnica de Cartagena Socorro García y el actor conocido como La Dani, ganador del Premio Feroz y nominado a los Premios Goya. Su presencia refuerza el carácter coral de un documental que busca explicar La Algameca Chica desde distintas perspectivas y no únicamente desde la vivencia vecinal.

Esa combinación de testimonios permite situar el poblado dentro de una conversación más amplia sobre patrimonio, memoria popular, derecho al territorio y modelos de ciudad. La Algameca Chica no es solo un conjunto de viviendas junto al mar. Es también un espacio de identidad colectiva, una forma de habitar el litoral y una expresión de cultura popular que interpela a Cartagena sobre qué lugares decide conservar, cómo los protege y qué valor concede a las comunidades que han construido su memoria cotidiana.

El éxito del estreno refuerza la reivindicación vecinal

El lleno registrado en el primer pase ha tenido una lectura que va más allá del interés cinematográfico. Para la Asociación de Vecinos de La Algameca Chica, la respuesta del público demuestra que existe una sensibilidad creciente hacia el poblado y hacia su historia. Que 320 personas llenaran el auditorio de El Luzzy y que otras 200 se quedaran sin poder entrar refleja que el documental ha conectado con una necesidad social de conocer mejor un enclave que forma parte del imaginario cartagenero, pero que no siempre ha sido explicado con justicia.

El segundo pase tiene, por tanto, una dimensión cultural y también reivindicativa. Permite ampliar el acceso a una obra que nace desde el territorio y que se coloca frente a los relatos que reducen La Algameca Chica a una anomalía, un problema o una imagen marginal. El documental propone otra mirada: la de un poblado con historia, con vínculos, con patrimonio inmaterial y con una comunidad que reclama ser escuchada antes de que otros decidan su futuro.

José Manuel de Haro ha subrayado esa idea al afirmar que la película refleja “con rigor y honestidad” lo que es La Algameca Chica. “Es un largometraje de 60 minutos que muestra una visión realista de lo que es este poblado con dos siglos y medio de historia que lucha constantemente por su permanencia. Nos vimos gratamente sorprendidos por el éxito que tuvo la presentación documental hace tres semanas. Por ello, hemos decidido realizar esta segunda proyección para que nadie se quede sin la oportunidad de verlo”, ha indicado.

La palabra “permanencia” resume buena parte del trasfondo del documental. La Algameca Chica ha convivido durante años con la incertidumbre sobre su futuro, con debates sobre regularización, conservación, riesgos, titularidades, paisaje y ordenación del litoral. Frente a esa incertidumbre, el documental aporta una herramienta de visibilización: contar la historia antes de que otros la simplifiquen.

Cartagena ante una parte incómoda y valiosa de su memoria

La nueva proyección en El Luzzy sitúa a Cartagena ante una pregunta de fondo: qué lugar ocupan los espacios populares, singulares y no normativos dentro del relato oficial de la ciudad. La Algameca Chica no encaja fácilmente en las categorías habituales de planificación urbana o promoción turística, pero precisamente por eso conserva un valor cultural que no puede medirse solo con criterios administrativos.

El éxito del documental muestra que existe interés ciudadano por conocer esa realidad desde dentro. También evidencia que la cultura puede abrir conversaciones que durante años han quedado atrapadas en expedientes, prejuicios o silencios institucionales. Un documental no resuelve por sí solo los problemas de un poblado, pero puede cambiar la forma en que se mira, y esa transformación simbólica es un primer paso importante.

La dirección de Blanca Pérez de Tudela aporta una mirada joven a un enclave antiguo, cruzando memoria, paisaje, testimonio y reivindicación. El resultado, según sus impulsores, no pretende idealizar La Algameca Chica, sino mostrarla de manera honesta, con su complejidad y con la voz de quienes la conocen, la estudian o la habitan.

La segunda proyección del miércoles permitirá que más ciudadanos se acerquen a esa mirada. La entrada gratuita y el sistema de recogida previa en taquilla facilitarán el acceso hasta completar el aforo, aunque la experiencia del primer pase anticipa una alta demanda. La organización ha optado por repetir la exhibición precisamente para evitar que el interés generado quede frustrado por la falta de plazas.

La Algameca Chica vuelve así al centro cultural de Cartagena, pero también al centro del debate sobre memoria, patrimonio y futuro urbano. Que un documental sobre este poblado haya obligado a programar un segundo pase dice mucho de la fuerza de una historia que sigue viva. En una ciudad acostumbrada a mirar su patrimonio monumental, esta obra recuerda que también hay patrimonio en las formas de vida, en los vínculos comunitarios y en esos lugares que sobreviven porque quienes los habitan se niegan a desaparecer en silencio.

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