«La Región de Murcia no necesita más viajes para aparentar gestión, sino un Gobierno que haga los deberes antes de salir en la foto«

Hay escenas que explican una forma de gobernar mejor que cualquier discurso. La de Fernando López Miras en Bruselas, pidiendo al Banco Europeo de Inversiones más flexibilidad para financiar vivienda y recibiendo como respuesta que la Región de Murcia no había solicitado financiación, es una de ellas. No hace falta adornarla demasiado. Basta con dejarla sobre la mesa.
El presidente fue a reclamar facilidades para unos fondos que, según le recordaron allí mismo, su Gobierno ni siquiera había pedido formalmente. Fue a Europa con el discurso preparado, pero sin los papeles hechos. Y eso, en política, no es una anécdota. Es un retrato.
Porque esto no va solo de una frase incómoda en una reunión europea. Va de una manera de entender el poder que en la Región de Murcia conocemos demasiado bien: primero el anuncio, luego ya veremos; primero la foto, después el expediente; primero la queja contra Madrid, aunque el problema esté en San Esteban.
La vivienda es un asunto demasiado serio para tratarlo como decorado. Hay jóvenes que no pueden emanciparse, familias que no llegan a reunir la entrada de un piso, trabajadores que tienen que elegir entre vivir lejos de su empleo o pagar alquileres imposibles, municipios donde la vivienda pública es casi un recuerdo y planes que se anuncian con solemnidad pero tardan años en convertirse en llaves reales.
En ese contexto, ir a Bruselas a pedir financiación que no consta solicitada no es un simple desliz. Es una falta de respeto a quienes esperan soluciones. La vivienda no se arregla con una intervención en Europa ni con una fotografía institucional. Se arregla con suelo disponible, proyectos preparados, financiación solicitada, colaboración con los ayuntamientos y capacidad administrativa para ejecutar.
Ahí es donde el Gobierno regional vuelve a hacer aguas. Habla mucho de vivienda, de grandes planes y de cifras redondas, pero cuando se rasca un poco aparecen los huecos: falta gestión, falta ejecución y, como hemos visto, hasta falta pedir formalmente el dinero que luego se reclama en público.
López Miras no fue a Bruselas a resolver el problema de la vivienda. Fue a representar el papel de presidente reivindicativo. El problema es que el papel se le cayó de las manos en cuanto alguien preguntó por el expediente.
La hemeroteca ya no perdona al PP regional
El otro episodio de estos días tiene que ver con la financiación autonómica y el déficit asimétrico. Y aquí la cosa no va de papeles que faltan, sino de memoria que sobra.
Durante años, el Gobierno regional ha defendido que Murcia necesita un trato específico por la infrafinanciación que arrastra. Ha pedido flexibilidad, compensaciones, condonación de deuda, más recursos y reconocimiento del perjuicio sufrido por la Región. Hasta ahí, nada que objetar. Murcia está infrafinanciada y necesita una solución seria.
El problema llega cuando el mismo Gobierno que pedía mecanismos singulares decide ahora rechazar fórmulas que se parecen demasiado a las que antes defendía. De repente, lo que ayer era justo para Murcia hoy parece sospechoso. Lo que antes se reclamaba como una necesidad ahora se presenta como una amenaza. Lo que el PP pedía cuando le servía para confrontar, lo rechaza cuando puede beneficiar a la Región pero incomoda al argumentario nacional de Feijóo.
La hemeroteca se ha convertido en el peor enemigo de López Miras. No porque la oposición tenga una memoria especialmente brillante, sino porque el propio Gobierno regional ha dejado demasiadas frases grabadas como para fingir ahora que nunca dijo lo que dijo.
Un presidente autonómico puede discutir cualquier propuesta. Puede exigir mejoras, garantías, cifras claras y letra pequeña. Puede decir que una condonación de deuda es insuficiente o que un modelo de financiación no resuelve todos los problemas. Lo que no puede hacer, sin tomar por tonta a la ciudadanía, es rechazar por disciplina partidista aquello que se parece a lo que venía reclamando.
Porque lo que ha cambiado no son las necesidades de la Región. No ha desaparecido la deuda. No ha mejorado mágicamente la financiación. No han dejado de faltar recursos para sanidad, educación, dependencia o vivienda. Lo que ha cambiado es la conveniencia política del Partido Popular.
Y ahí está el problema.
Cuando Murcia importa menos que Génova
López Miras lleva años presentándose como el gran defensor de la Región de Murcia frente al Gobierno de España. Pero cada vez que los intereses de Murcia chocan con la estrategia nacional del PP, el presidente regional parece saber perfectamente hacia dónde mirar. Y no suele ser hacia Murcia.
Si Feijóo necesita decir que no, aquí se dice que no. Si Génova decide que una propuesta debe rechazarse aunque contenga elementos que el PP murciano reclamaba ayer, se rechaza. Si toca endurecer el discurso, se endurece. Si toca olvidarse de la hemeroteca, se finge amnesia.
El problema no es solo la contradicción. La contradicción en política puede explicarse si hay razones. El problema es la sensación de obediencia. La impresión de que López Miras no decide qué posición conviene más a la Región, sino qué posición conviene más al PP nacional.
Y eso, en una comunidad castigada por la infrafinanciación, no es un detalle menor. Es una renuncia.
La financiación autonómica no es una disputa de tertulia. Es lo que permite contratar médicos, reforzar colegios, atender dependientes, sostener universidades, mejorar servicios públicos y diseñar políticas de vivienda. Cuando un Gobierno rechaza una posibilidad de aliviar la deuda o mejorar recursos por puro reflejo partidista, no está haciendo oposición al Gobierno de España. Está perjudicando a su propia ciudadanía.
Porque las consecuencias no las paga Feijóo. Las paga quien espera una cita médica. Quien lleva a sus hijos a un aula sin condiciones. Quien depende de una ayuda social. Quien no encuentra vivienda. Quien escucha promesas año tras año mientras su vida sigue igual.
Murcia necesita un Gobierno que negocie con inteligencia, que reclame con firmeza y que aproveche cualquier oportunidad para mejorar los recursos de la Región. Lo que no necesita es un presidente que convierta cada debate en una sucursal de la batalla nacional entre Feijóo y Sánchez.
La queja no sustituye a la gestión
Hay una frase que podría resumir buena parte del mirismo: si algo sale mal, la culpa es de otro; si algo sale bien, la foto es propia. Es una forma de hacer política que funciona durante un tiempo, sobre todo cuando se repite con disciplina y se acompaña de una maquinaria comunicativa potente. Pero tiene un límite. Y ese límite aparece cuando la realidad empieza a responder.
El Banco Europeo de Inversiones respondió. La hemeroteca responde. Los expedientes responden. Las cifras responden. Y cada respuesta deja al descubierto una forma de gobernar más preocupada por el relato que por los resultados.
En vivienda, se pide fuera lo que no se ha tramitado dentro. En financiación, se rechaza hoy lo que ayer se defendía. En ambos casos, el patrón es el mismo: actuar para la cámara, mantener viva la confrontación y confiar en que el ruido tape la falta de gestión.
Pero ya cansa.
Cansa que una Región con tantos problemas reales tenga un Gobierno tan cómodo en la queja. Cansa que cada debate acabe reducido a “Madrid nos maltrata” mientras aquí se acumulan retrasos, falta de planificación y promesas incumplidas. Cansa que el presidente viaje para hacerse fotos de gestor y vuelva con la prueba de que la gestión no estaba hecha.
La Región de Murcia necesita menos teatro institucional y más administración. Menos bronca y más papeles. Menos ruedas de prensa y más expedientes completos. Menos obediencia a Génova y más lealtad a esta tierra.
No es mala suerte, es mala política
A veces el Gobierno regional intenta presentar sus tropiezos como fruto de circunstancias externas. Como si todo le viniera dado. Como si la falta de vivienda asequible, la infrafinanciación, los retrasos administrativos o la falta de ejecución fueran fenómenos meteorológicos.
Pero no. Muchas cosas dependen de decisiones políticas. De prioridades. De trabajo previo. De rigor.
No solicitar financiación al BEI no es mala suerte. Rechazar lo que antes se reclamaba no es mala suerte. Cambiar de criterio al ritmo que marca Feijóo no es mala suerte. Es una forma de gobernar. Y conviene llamarla por su nombre.
Improvisación cuando toca gestionar.
Cinismo cuando toca explicar.
Obediencia cuando toca decidir.
Ese es el triángulo que está atrapando a López Miras. Improvisa en vivienda porque el anuncio va por delante del expediente. Practica el cinismo en financiación porque la hemeroteca contradice su posición actual. Y obedece a Génova porque, cuando tiene que elegir entre la coherencia regional y la disciplina nacional, elige lo segundo.
Lo más grave es que ya ni siquiera se molestan demasiado en disimular. El Gobierno regional puede decir una cosa un año y la contraria al siguiente con una tranquilidad pasmosa. Puede pedir trato singular y luego rechazarlo. Puede reclamar más recursos y luego convertir en sospechosa cualquier propuesta que no pueda vender como propia. Puede culpar al Gobierno de España incluso cuando el dato incómodo es que la Región no había presentado una solicitud.
Todo vale si sirve para mantener el relato. Pero una comunidad autónoma no se gobierna con relato. Se gobierna con presupuesto, planificación y coherencia.
Pedir sin papeles, rechazar sin vergüenza
López Miras debería hacerse una pregunta sencilla: ¿qué habría dicho si un presidente socialista hubiera ido a Bruselas a pedir financiación sin haberla solicitado? ¿Qué habría dicho si otro Gobierno hubiera rechazado una propuesta parecida a la que antes defendía solo porque la dirección nacional de su partido había cambiado de estrategia?
La respuesta es evidente. Habría hablado de incompetencia, de ridículo, de traición a los intereses regionales y de falta de respeto a los murcianos.
Pues eso.
No hace falta cambiar mucho las palabras. Basta con aplicarle al Gobierno regional el mismo rasero que el PP aplica a los demás. Si un presidente pide sin papeles, hay un problema de gestión. Si un Gobierno rechaza por encargo, hay un problema de autonomía política. Si una administración vive más pendiente de la confrontación que de las soluciones, hay un problema de prioridades.
La Región de Murcia no está para juegos. No está para que la vivienda sea una excusa de viaje. No está para que la financiación autonómica se utilice como arma arrojadiza. No está para que cada oportunidad acabe sacrificada en el altar del tacticismo nacional. No está para presidentes que se envuelven en la bandera regional mientras miran de reojo el argumentario de Génova.
Los titulares no pagan alquileres. Los titulares no reducen listas de espera. Los titulares no construyen colegios ni alivian la deuda. Los titulares no sustituyen a una solicitud de financiación ni borran una contradicción de la hemeroteca.
La Región de Murcia necesita un presidente que sepa pedir cuando toca pedir, pero que antes haya hecho los deberes. Que sepa negociar sin convertir cada mesa en un mitin. Que sepa rectificar sin mentir. Que sepa defender la Región incluso cuando eso incomode a su partido.
López Miras aún está a tiempo de elegir. Puede seguir siendo el presidente que pide sin papeles y rechaza por encargo. O puede empezar, por una vez, a gobernar pensando menos en Feijóo y más en la gente que vive aquí.
Porque al final la pregunta no es si Murcia necesita más dinero, más vivienda o más financiación. Eso lo sabe cualquiera que pise la calle. La pregunta es otra: si esta Región merece un presidente que defienda sus intereses incluso cuando Génova le ordena lo contrario.
Y la respuesta también es evidente.
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