Huermur reclama una evaluación especializada de los muros y las cisternas antes de decidir qué trabajos de restauración necesita el yacimiento

El incendio forestal de Los Garres alcanzó el castillo situado en la cima y dejó afecciones en distintos restos arqueológicos del enclave. Así lo recoge, según la asociación conservacionista Huermur, el informe elaborado por el Ayuntamiento de Murcia después de la inspección que solicitó la entidad. Los técnicos observaron señales de la acción del fuego en muros, revestimientos de cisternas, marcas talladas en la roca y fragmentos de cerámica hallados en superficie.
La conclusión exige un matiz: el informe descrito por Huermur no señala desprendimientos recientes de muros o revestimientos y califica de aparentemente superficial el quemado observado en las zonas afectadas. Al mismo tiempo, plantea que un restaurador especializado examine esos elementos para conocer su estado real y determinar si precisan alguna intervención. Esa valoración todavía pendiente es la que permitirá concretar el alcance de los daños y las medidas de conservación necesarias.
El Castillo de Los Garres está protegido como Bien de Interés Cultural. Huermur sitúa la fortificación principalmente entre los siglos IV y VII, aunque señala que el cerro tuvo ocupación en época ibérica y que la fortaleza también fue utilizada posteriormente durante el periodo musulmán. La asociación considera que el incendio ha añadido una nueva afección a un yacimiento cuya conservación venía reclamando desde antes del fuego.
El incendio alcanzó la fortificación y el espacio inferior
La inspección municipal se realizó el 17 de junio, después de que Huermur registrara el día 3 de ese mes una solicitud para comprobar si el incendio había afectado al monumento. Según la nota de prensa de la asociación, participaron en la visita una arqueóloga municipal y un arqueólogo de la Dirección General de Patrimonio Cultural.
Los técnicos comprobaron que el fuego se extendió por toda la fortificación situada en la cima y por el espacio de poblamiento inferior. La intensidad de la afección fue desigual: buena parte de la vegetación quemada estaba formada por hierba y matorral bajo. Esa circunstancia no impidió que se apreciaran señales directas del fuego sobre elementos históricos concretos.
Entre las zonas afectadas figuran algunos enlucidos conservados en las cisternas, muros de mampostería y los materiales que unen sus piedras. La inspección también observó quemado en recortes y asientos de muros realizados sobre la propia roca, además de en restos cerámicos de superficie. El informe, tal como lo expone Huermur, distingue esas afecciones visibles de un posible daño estructural que no queda establecido con la primera visita.
Esa diferencia marca el siguiente paso. El Centro Municipal de Arqueología considera necesaria una evaluación a cargo de un profesional especializado en restauración de patrimonio arqueológico. Deberá examinar los muros, sus morteros, los tallados de la roca y los revestimientos de las cisternas. Si de ese análisis resulta que hacen falta trabajos de restauración, el informe plantea que se adopten las medidas correspondientes.
La asociación pide al Ayuntamiento y a la Dirección General de Patrimonio Cultural que impulsen esa evaluación sin dejar las recomendaciones en una mera constatación de los daños. Su presidente, Sergio Pacheco, sostiene que “el informe municipal demuestra que nuestra denuncia estaba plenamente justificada y que el incendio sí alcanzó y afectó a elementos históricos del Castillo de Los Garres”. Y añade: “Ahora no basta con constatar los daños, las administraciones tienen que actuar, evaluar técnicamente todo el yacimiento y acometer las medidas de conservación y restauración que sean necesarias”.
Una planimetría para conocer el estado de cada estructura
La valoración especializada no es la única actuación propuesta. El informe municipal también reclama, según Huermur, una planimetría arqueológica actualizada y ajustada a la realidad del yacimiento. Su finalidad sería identificar, localizar y georreferenciar todas las estructuras del castillo, además de documentar su estado de conservación.
Ese registro permitiría disponer de una referencia precisa sobre los restos existentes y las afecciones observadas tras el incendio. La asociación lo considera necesario para que las futuras decisiones de conservación respondan a las condiciones de cada elemento, tanto en la fortificación de la cima como en el espacio inferior alcanzado por el fuego.
Huermur recuerda que el castillo arrastra problemas de conservación anteriores al incendio. En 2023 fue incluido en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, y la entidad afirma que ya había solicitado medidas para frenar su deterioro y avanzar en la recuperación del enclave. Durante la inspección de junio, los técnicos localizaron además varios puntos correspondientes a antiguas excavaciones ilegales atribuidas a los conocidos como “toperos”, otro indicio de la vulnerabilidad del yacimiento que destaca la asociación.
Para Huermur, la respuesta no debería limitarse a reparar las consecuencias inmediatas del incendio. La entidad reclama una estrategia de conservación que permita proteger de forma continuada el Bien de Interés Cultural, documentar sus restos y evitar que las afecciones detectadas se sumen al deterioro que venía denunciando.
Huermur no conoce avances públicos sobre la investigación
La asociación también pide que se esclarezcan las causas del incendio. Según recuerda, la Fiscalía de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia acordó en junio abrir diligencias de investigación preprocesal tras su denuncia, mientras que el Seprona de la Guardia Civil inició trabajos sobre el terreno para determinar el origen del fuego.
Huermur precisa que no tiene constancia de avances públicos acerca del resultado de esas actuaciones, las causas definitivas del incendio o la identificación de posibles responsables. Esa falta de información conocida por la entidad no permite extraer conclusiones sobre una investigación cuyo resultado permanece pendiente.
El fuego afectó, según los datos recogidos por la asociación, a unas 177 hectáreas en el entorno de Los Garres y Carrascoy-El Valle. Huermur insiste en que esclarecer lo ocurrido y conservar el castillo son tareas distintas que deben avanzar. Por ahora, el informe municipal sitúa una actuación concreta sobre la mesa: examinar con especialistas los restos afectados, documentar todo el yacimiento y decidir a partir de esa evaluación qué necesita para su protección.
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