La Región lidera el abandono escolar en España

La Región lidera el abandono escolar en España

La FAPA Juan González exige un plan urgente ante una tasa del 20,6%, muy por encima de la media nacional

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La Región de Murcia vuelve a situarse en el peor lugar del mapa educativo español. Los últimos datos conocidos colocan el abandono educativo temprano en el 20,6%, la tasa más alta de todas las comunidades autónomas y muy por encima de la media nacional, situada en el 12,8%. El dato significa que uno de cada cinco jóvenes murcianos de entre 18 y 24 años deja de estudiar sin completar Bachillerato, Formación Profesional de Grado Medio o una titulación equivalente, y sin continuar ningún tipo de formación.

La cifra confirma un problema estructural que arrastra la comunidad autónoma desde hace años y que no puede interpretarse como una desviación puntual. Mientras España ha logrado reducir progresivamente el abandono educativo temprano hasta mínimos históricos, la Región de Murcia continúa instalada en niveles que duplican ampliamente el objetivo europeo para 2030, fijado por debajo del 9%. La distancia no solo es estadística: refleja una brecha real en oportunidades, empleabilidad, igualdad social y capacidad de futuro.

El abandono educativo temprano no mide únicamente cuántos jóvenes dejan las aulas. Mide también cuántos quedan fuera de los itinerarios formativos que hoy resultan casi imprescindibles para acceder a empleos más estables, mejores salarios y una vida adulta con menos precariedad. En una economía cada vez más exigente, salir del sistema sin formación postobligatoria supone empezar la carrera laboral desde una posición de clara desventaja.

La FAPA denuncia una situación “inaceptable”

La Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos Juan González de la Región de Murcia ha expresado su “profunda preocupación e indignación” ante una tasa que considera inaceptable y que, a su juicio, compromete el futuro personal y laboral de miles de jóvenes, además del desarrollo social y económico de la comunidad autónoma. La organización recuerda que el 20,6% regional frente al 12,8% nacional supone que la Región continúa encabezando el abandono escolar en España.

La FAPA rechaza que el abandono escolar pueda tratarse como un problema individual del alumnado o de sus familias. En su análisis, la salida prematura del sistema educativo responde a factores estructurales como las desigualdades sociales, la falta de recursos en los centros, las ratios elevadas, la insuficiente orientación académica y la necesidad de conectar mejor el sistema educativo con la realidad laboral.

Esa lectura resulta clave porque desplaza el foco desde la culpabilización del estudiante hacia la responsabilidad colectiva. Cuando una comunidad autónoma mantiene la peor tasa de abandono del país, no basta con apelar al esfuerzo individual. Hay que revisar qué apoyos se ofrecen, cómo se acompaña al alumnado vulnerable, qué recursos tienen los centros, cómo se previene el absentismo y qué alternativas formativas reales se abren antes de que el abandono se consume.

La presidenta de la FAPA Juan González, Marisa Maldonado, advierte de que las familias no pueden permanecer al margen ante una situación de esta gravedad. La federación insiste en que cada alumno que abandona representa una oportunidad perdida que la sociedad murciana no puede permitirse.

Un problema que empieza antes de los 18 años

El abandono educativo temprano suele aparecer en las estadísticas entre los 18 y los 24 años, pero rara vez nace en ese momento. En muchos casos es el resultado final de una trayectoria previa de dificultades escolares, absentismo, repetición, falta de acompañamiento, problemas familiares, desmotivación o ausencia de expectativas. Por eso, el dato del 20,6% debe leerse como una señal de alarma sobre todo el recorrido educativo.

La Región de Murcia cuenta con planes y programas para prevenir el absentismo y reducir el abandono, pero los resultados demuestran que las medidas aplicadas hasta ahora no están siendo suficientes. El problema no es solo tener diagnósticos o documentos estratégicos, sino garantizar que llegan a las aulas con medios, personal, coordinación y seguimiento. Si el abandono sigue siendo el más alto de España, la administración regional tiene que evaluar qué está fallando y dónde deben reforzarse las actuaciones.

La FAPA plantea precisamente una respuesta integral y urgente. Entre sus demandas figuran una mayor inversión en la educación pública, especialmente en centros con mayor vulnerabilidad; la reducción de ratios; el refuerzo del profesorado y de los servicios de orientación; programas de apoyo y acompañamiento al alumnado y a las familias; medidas de prevención del absentismo desde edades tempranas; y un impulso efectivo a la Formación Profesional y a otras vías que favorezcan la continuidad formativa en centros públicos.

La insistencia en la orientación académica y profesional no es menor. Muchos jóvenes se desconectan del sistema porque no encuentran sentido a lo que estudian, porque no reciben información suficiente sobre salidas formativas o porque no cuentan con apoyo para elegir itinerarios adaptados a sus capacidades e intereses. Una orientación fuerte puede marcar la diferencia entre abandonar o continuar.

Desigualdad educativa y desigualdad social

El abandono escolar tiene una relación directa con la desigualdad. Afecta con más intensidad a quienes parten de entornos más vulnerables, a quienes tienen menos apoyo familiar, a quienes viven situaciones económicas difíciles o a quienes arrastran problemas de aprendizaje no atendidos a tiempo. Por eso, combatirlo exige políticas educativas, pero también sociales.

No se puede pedir a los centros que resuelvan solos un problema que está conectado con la renta familiar, la vivienda, el empleo, el transporte, la salud mental, la conciliación o la falta de expectativas laborales. La escuela puede compensar desigualdades, pero necesita recursos suficientes para hacerlo. Cuando esos recursos no llegan, el sistema tiende a reproducir las diferencias de origen.

La Región de Murcia no puede normalizar que uno de cada cinco jóvenes quede fuera de la formación postobligatoria. Esa cifra compromete el futuro de quienes abandonan, pero también el de toda la comunidad autónoma. Una región con altas tasas de abandono tendrá más dificultades para atraer empleo cualificado, mejorar salarios, reducir precariedad y sostener un modelo productivo menos dependiente de ocupaciones temporales o de baja cualificación.

El problema también tiene una dimensión territorial. Hay municipios y barrios donde el riesgo educativo se concentra con más fuerza, lo que exige intervenciones específicas y coordinadas entre la Comunidad Autónoma, los ayuntamientos, los centros educativos y los servicios sociales. No basta con medidas generales si no se actúa allí donde el abandono y el absentismo golpean con mayor intensidad.

Una prioridad política que no admite más demora

La tasa del 20,6% debería situar el abandono educativo temprano en el centro de la agenda regional. No como un asunto secundario dentro del debate educativo, sino como una emergencia social con efectos de largo plazo. Cada joven que abandona sin completar estudios postobligatorios afronta más riesgo de precariedad, desempleo, bajos salarios y dependencia económica. Cada abandono es también un fracaso del sistema para ofrecer una segunda oportunidad a tiempo.

La FAPA Juan González reclama una respuesta urgente, coordinada y eficaz de las administraciones públicas. Su diagnóstico coincide con una evidencia difícil de discutir: el abandono escolar es un problema de toda la sociedad, no una suma de decisiones individuales aisladas. Si la Región de Murcia lidera esta estadística, necesita una política educativa más ambiciosa, sostenida y evaluable.

Reducir el abandono exige inversión, pero también prioridades claras. Requiere reforzar la educación pública, bajar ratios donde más falta hace, aumentar orientación, detectar antes el absentismo, acompañar a las familias y construir itinerarios formativos atractivos para quienes hoy no encuentran su sitio en el sistema. También obliga a mirar con honestidad los resultados y a no conformarse con planes que no logran revertir la tendencia.

La Región de Murcia no puede permitirse que su juventud empiece la vida adulta con menos herramientas que la del resto de España. Liderar el abandono escolar no es solo ocupar el peor puesto de una tabla. Es aceptar que miles de jóvenes quedan atrás demasiado pronto. Y eso, como advierten las familias, es una realidad inaceptable que exige actuar ya.

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