«No juzgamos solo las ideas políticas sino el tipo de persona que imaginamos detrás de ellas«

Hay una idea que me ronda desde hace tiempo cada vez que escucho hablar de política: muchas veces no discutimos ideas. Discutimos personas imaginadas. No juzgamos solo una propuesta política o una ideología. Juzgamos el tipo de persona que creemos que hay detrás.
Si alguien se define de izquierdas, parece que esperamos automáticamente cierta forma de estar en el mundo: humildad, austeridad, sensibilidad social, cercanía con la gente común. Como si no bastara con defender determinadas ideas; como si además hubiera que vivir de una manera concreta para resultar creíble.
Si alguien se identifica con la derecha, en cambio, solemos proyectar otra figura: éxito económico, patrimonio, ambición, autoridad, tradición. A veces admirada; otras criticada. Pero reconocible.
Y me llama la atención lo profundamente instaladas que están esas imágenes.
Porque cuando alguien de izquierdas vive bien, gana dinero o muestra cierta comodidad material, enseguida aparece la sospecha. Se habla de incoherencia. Se le exige explicarse. Como si su posición política viniera acompañada de una obligación moral añadida.
Cuando eso ocurre en alguien de derechas, muchas veces se interpreta como algo natural, casi esperable. Como si encajara dentro del personaje que ya le habíamos atribuido.
No estoy hablando de si hay o no hipocresía política. Claro que la hay. En todas partes. Lo que me interesa es por qué la medimos de forma distinta según quién venga.
Con la corrupción me pasa algo parecido. Tengo la sensación de que cuando aparece en la izquierda provoca una decepción distinta. No solo enfado: decepción moral. Se percibe como una traición doble, política y ética.
En cambio, cuando afecta a la derecha, el juicio público muchas veces gira antes hacia la gestión, la estabilidad o el coste electoral. Como si resultara más fácil separar el escándalo de la identidad ideológica. Quizá porque a unos les exigimos ejemplaridad y a otros eficacia. Y eso dice tanto de nosotros como de ellos.
También ocurre con el nacionalismo. Hemos asumido que la derecha habla el idioma de la nación, la identidad y las raíces, mientras que la izquierda representa lo internacional, lo compartido, lo universal.
Pero la realidad rara vez es tan limpia. Hay izquierdas nacionalistas. Hay derechas globalistas. Hay patriotismos abiertos e internacionalismos excluyentes.
Y aun así seguimos leyendo la política como si cada ideología llevara incorporada una personalidad fija.Cuanto más lo pienso, más creo que muchas discusiones políticas no fracasan por falta de argumentos. Fracasan porque empiezan demasiado tarde.Antes de discutir ideas ya hemos imaginado quién es el otro.
Ya le hemos puesto cara. Ya le hemos asignado una clase social. Ya hemos decidido si nos inspira confianza o rechazo. Ya le hemos atribuido virtudes o defectos incluso antes de escucharle. Y quizá ahí esté una parte importante del problema. No debatimos únicamente proyectos políticos. Debatimos símbolos, identidades e imaginarios morales.
Y muchas veces reaccionamos no ante lo que alguien piensa, sino ante lo que creemos que representa.
¿Quieres contactar con el autor de esta noticia?
Si has visto algún error en esta noticia o tal vez puedes aportar alguna información extra, puedes contactar directamente con nuestra redacción mandando un email a news@lasnoticiasrm.es o escribiendo un mensaje por Whatsapp en el teléfono 641387053. Estaremos encantados de atenderte.
Esta y otras noticias puedes tenerlas al instante subscribiéndote a nuestro canal de Telegram
Puedes subscribirte a nuestro nuevo canal en Telegram, y disponer de todas las noticias importantes de la web en tiempo real.
Recuerda, pincha en t.me/lasnoticiasrm y dale a subscribir al canal en tu aplicación Telegram.
!!Te esperamos en LasNoticiasRM¡¡
Tabla de Contenidos
Datos del autor
- LasNoticiasRM
- Email: news@lasnoticiasrm.es
- Teléfono y Whatsapp: 641387053


